miércoles, 28 de marzo de 2012

LA PUERTA DEL DIABLO (1950)



Recuerdo cuándo era muy pequeño haber jugado a “los indios y vaqueros”, y como todos los niños que jugaban querían ser los vaqueros, o sea los buenos, y nadie quería ser los malos, los indios.
Esta película termina, como tantas películas del viejo oeste, una casa rodeada, en el interior de la casa mujeres y niños, y los hombres defendiendo sus tierras ante un número muy superior de pistolas. Como en todas las películas del oeste, cuando la situación es más desesperada, cuando están a punto de ser derrotados, cuando lo muertos superan a los vivos, y ese  último aliento, llega el séptimo de caballería para salvar la situación y derrotar al enemigo.
Y que pasa, si los que se encuentran rodeados son los indios, y a los que intentar matar y usurpar unas tierras que no son suyas son los vaqueros, lo grande del final de esta película, es que en lugar de ayudar el séptimo de caballería a los indios, vienen para rematarlos y acabar el trabajo, quizás un final más acorde con la realidad, donde los indios son los buenos y los malos son los vaqueros. Donde, solamente en contadas excepciones muestra a los indios como los protagonistas y a los vaqueros como los antagonistas, solamente Ford, Mann, y Aldrich, mostraron respeto a la historia, donde los indios fueron borrados, masacrados y echados de una tierras que les pertenecían de las que fueron desalojados sin motivo.
Una película adelantada a su tiempo, en el que Taylor retrata un indio que con orgullo y valentía defiende su tierra y su pueblo contra el desprecio y los abusos del hombre blanco.

Solamente le pongo una pequeña pega a la película, y es ver al gran Robert Taylor ennegrecido como indio, es poco creíble, pero con creces lo supera con una poderosa interpretación.    
Este western está dirigido por Anthony Mann en 1950, que con Ford y Hawks para mi forman la tripleta imprescindible de los western.




En este western se ven características de los western de Mann, la importancia de los paisajes, muestra como nadie las montañas, las áreas boscosas, las cumbres nevadas para que los personajes emerjan más detalladamente en este entorno. La puerta del diablo que da nombre al título de la película, abre la puerta a la tierra del indio, que es vista como un paraíso, como un oasis en medio del desierto del hombre blanco; una puerta al cielo, donde abundan los verdes pastos y el agua clara.
Lance Poole (Robert Taylor) vuelve al rancho de su familia (de la tribu de los navajos), tras participar en la batalla de Gettysburg con las tropas nordistas, resultando condecorado con la medalla de Honor del Congreso. Aunque de poco le va a servir, en una sociedad racista e intolerante. Más aún cuando es un indio rico, donde el Gobierno Americano, le quiere arrebatar sus tierras, por no considerar a los indios como ciudadanos americanos.
Otra temática desarrollada en esta película, es el eterno conflicto entre los ganaderos contra los ovejeros, encarnados por la llegada de las ciudades, y de lo que tanto odiaba Kirk Douglas en “Pradera sin ley”, las alambradas que limitaban la libertad del hombre en la naturaleza. 
A destacar también la escena de amor, llena de garra y emoción, en la que Robert Taylor, desafía a Paula Raymond a que demuestre su amor por un indio.

La película tiene unos excelentes secundarios Paula Raymond, como abogada idealista que ayuda a los indios, Louis Calhern (habitual malo de los western) como malvado abogado al cual solamente le preocupa el dinero, y Edgar Buchanan como sheriff de una ciudad consumida por el odio.
Las escenas de acción son fantásticas, la pelea en el bar, o el inigualable ataque de los indios a las caravanas de los pastores con dinamita.
Lo que hace de esta película una obra maestra, ese final donde el ejército americano, termina el trabajo de los ovejeros, y mata a todos los indios. Y como nuestro héroe, herido de muerte, se  coloca la medalla del congreso, y sale de su casa con dignidad y orgullo, saludando marcialmente al capitán del ejército de caballería, y cayendo a continuación delante de él y de su amada Paula Raymond. Pura magia.
Una película que el tiempo pondrá en su sitio, que con los años crecerá este clásico como una de las primeras películas del oeste que defendió la posición de los indios en la gran pantalla. 
































Devil's Doorway (1950)





domingo, 18 de marzo de 2012

JOHN FORD POINT


“Monument Valley es un regalo que Dios le ha dado al arte del cine”
“Monument Valley es donde Dios puso el Oeste” – John Wayne, actor

Uno de los ingredientes de los western de Ford, tan importante como John Wayne, o las historias que contaba, fue el bonito paisaje de Monument Valley.

Ford encontró en Monument Valley el mejor sitio para narrar una diligencia lanzada a la carrera, unos jinetes cabalgando entre nubes de polvo, subiendo y bajando calizas, cruzando barrancos, los indios al galope atacando un carro militar, la línea de jinetes atravesando a contraluz el horizonte, la frontera que marca Río Grande, las guerras indias, un romance de frontera, convirtiendo al paisaje en no mero decorado de la acción.

Ford convirtió Monument Valley en su “set privado” desde que rodó “La diligencia”. El paisaje es una sucesión de montañas, colinas rojizas talladas por millones de años de erosión y de un desierto. Se encuentra en el Estado de Utah (Arizona). Son 3.200 Km2 que albergan formaciones rocosas que se elevan 300 metros por encima del nivel del valle. Ford acostumbraba a rodar en la parte que queda en Arizona, donde se elevan los montículos West Mitten, East Mitten y Merrick, antes de que los indios navajos bautizaran este paisaje con el nombre de “John Ford Point”. Monument Valley se encuentra dentro de una reserva de Indios Navajos.


 “Valle de las rocas” es como llaman los navajos al Monument Valley. No se trata en realidad de un valle, sino de una gran meseta, cuyo nacimiento se remonta a unos 70 millones de años. John Ford rodó tantas veces en Monument Valley que los indios navajos, le llamaron “Natani Nez” (líder alto). Uno de aquellos navajos, Billy Yellow, apareció en todas las películas que Ford rodó en Monument Valley, era un hechicero que murió centenario en su choza, según el estilo de vida tradicional, sin electricidad ni agua corriente. 

Monument Valley es un lugar muy remoto dentro de EE.UU., con una  franja horaria es distinta del resto de EE.UU, y que los navajos han prohibido la venta de bebidas alcohólicas en los pocos establecimientos que hay en la zona.  

Ford le cautivo desde el primer día Monument Valley por las siguientes razones: el colosal paisaje, las impresionantes puestas de sol, y el silencio de este paraje.




Los western que dirigió Ford en Monument Valley:
  1. La diligencia (1939)
  2. Pasión de los fuertes (1946)
  3. Fort Apache (1948)
  4. La legión invencible (1949)
  5. Centauros del desierto (1956)
  6. El sargento negro (1960)
  7. El gran combate (1964)


Como muestra ver  las siguientes  fotografías, para observar la belleza del paisaje.











Como muestra este espectacular vídeo: 



miércoles, 22 de febrero de 2012

LOS WESTERNS DE ANTHONY MANN Y JAMES STEWART


El hombre de Laramie (1955)


Tierras lejanas (1954)


Colorado Jim (1953)


Horizontes lejanos (1952)


Winchester 73 (1950)


Desde que Mann rodara la segunda unidad de “Quo Vadis”, a continuación se dedicara de pleno al western, y comenzaría su la  alianza fructífera con James Stewart y el guionista Border Chase.

Siempre se pensó que Anthony Mann pertenecía a la segunda generación de directores norteamericanos, los que no trabajaron en el cine mudo y si fue difícil reconocer a los primeros Raoul Walsh, John Ford, King Vidor, Howard Hawks, Cecil B. DeMille aún lo fue más para los segundos Anthony Mann, Nicholas Ray y Robert Aldrich.

La serie Mann-Stewart puede dividirse en dos partes: 1ª) las tres producidas por Aaron Rosemberg para Universal “Winchester 73”, “Horizontes lejanos” y “Tierras lejanas”, con guión de Borden Chase y 2ª) los otros dos realizados fuera de Universal: “Colorado Jim” para M. G. M y “El hombre de Laramie” para Columbia Pictures. Además de sus filmes del oeste con James Stewart, su colaboración que se prolongó en otros títulos alejados del western, como fueron  “Música y lágrimas” o “Bahía negra”, las otras producciones del mismo año, obras maestras de las puestas en escena, antes de que su relación se rompiera por culpa de “La Ultima bala”.



 “Dadle a Mann un paisaje, una montaña y un itinerario. Y ya tendremos una obra maestra”. (André Bazin)

“Nunca entendí porqué todos los westerns están rodados en paisajes desérticos! John Ford, por ejemplo adora a Monument Valley, pero yo conozco Monument Valley muy bien y no todo el Oeste es así. De hecho, el desierto solo representa una parte del oeste americano. Yo quería mostrar las montañas, las cataratas, las áreas boscosas, las cumbres nevadas y los personajes emergen más detalladamente en un entorno así”. (ANTHONY MANN)

“El realizador que más he estudiado, mi director favorito, es John Ford. En un plano expone más rápidamente que cualquier otro el entorno, el contenido, el personaje. Tiene la mayor concepción visual de las cosas y yo creo en la concepción visual de las cosas. El impacto de un solo y pequeño plano que puede hacernos entrever toda una vida, todo un mundo, es más importante que el más brillante de los diálogos”. (ANTHONY MANN)

"No creo que el procedimiento técnico presente una importancia capital. Lo que cuenta es lo que se muestra en la pantalla”. (ANTHONY MANN)

Todos los estudiosos de la obra de Mann y cualquier interesado y/o aficionado saben la importancia del paisaje en su obra, utilizándolo como una herramienta más. Mann al contrario de Ford, se adentra en el norte, en las montañas nevadas, los ríos caudalosos y los bosques de zonas frías, que sustituye a los apaches, navajos o comanches por los sioux, los dakotas o los crow, y que busca la profundidad psicológica en los personajes por encima de la épica de la propia historia. Los personajes son lacónicos, los diálogos, las miradas elocuentes, los silencios cautelosos, las sonrisas, transcurren en un entorno bellísimo, en un paisaje montañoso y verde alejado de bucólicas inspiraciones, convertido más bien en escenario de brutalidad y horror. Reflejan un país en construcción, donde la tierra y sus frutos: el oro, la sal, el agua son la posesión más preciada.

Los western de Stewart y Mann son westerns muy sólidos, cuyo interés va “in crescendo” con el paso de los minutos. Stewart es un hombre de oscuro pasado, introvertido, de corazón impuro, sabemos que el “bueno” de la película pero aun así nos resistimos a abrazarlo. Mann nos mete de lleno en las historias, sin preámbulos, ni introducciones y sin rodeos. Las mayores virtudes de los westerns de Mann y Stewart, son las puestas en escena, con una maravillosa fotografía que explota las bellezas naturales de las montañas del centro y norte de Estados Unidos, y por otro lado, el sobresaliente uso del suspense y la intriga que Mann consigue introducir en los relatos de venganza típico del western, que eleva la historia hacia cotas de emoción, intensidad e interés difícilmente inigualables en el cine clásico del oeste por otro cineasta que no fuera Ford o Hathaway.

En el ciclo con James Stewart es un héroe taciturno y seco que  tiene un pasado turbulento y un futuro dudoso, quiere dejar atrás su pasado de forajido de frontera y busca una segunda oportunidad, busca la paz en una huida de su pasado que ha de ganársela luchando; ante los inconvenientes y las injusticias responde con un estallido de ira después de unos instantes de rabia contenida. James Stewart suele encontrarse estancado en su devenir vital por algún suceso traumático que ha trastocado su modo de vida, y ese estancamiento se refleja muchas veces en un obstáculo físico que el personaje debe superar para seguir su camino o conseguir su objetivo. Así, algunos desenlaces de sus filmes tienen lugar en lugares hostiles e inaccesibles como, por ejemplo, los escarpados cerros rocosos de “Winchester 73” o los rápidos de “Colorado Jim”,  las rocas y el agua son dos elementos recurrentes en la filmografía de Mann.



James Stewart tiene un pasado que no se desvela completamente al espectador: el pistolero más temido y respetado del Oeste se ha retirado para guiar a unos colonos y el espectador desconoce el motivo, aunque puede aventurar que lo hizo hastiado por una violencia de la que ni así podrá escapar, o está envuelto en terribles dudas morales y obsesivas venganzas, perseguido por un turbio pasado que no pueden dejar atrás y que enfanga irremediablemente su presente de dudas y dolor. 

Otra característica del cine de Mann, es el uso del cinemascope, hay que tener en cuenta que el inicio del cinemascope fue el año 1953, además Mann probablemente fue uno de los mejores encuadradores de la historia del cine. En todos sus westerns el story-board   parecen comics.

Mann fue el mejor dibujando la naturaleza, los ríos, el cielo, las nubes, las rocas, el mundo mineral, el polvo o el sudor de los caballos.


Las cinco obras maestras que rodo James Stewart con Anthony Mann fueron:
  
     1) Winchester 73 (1950): Dos jinetes llegan a Dodge City persiguiendo a un hombre. Es el Día de la Independencia, y la gente se arremolina en torno al premio del concurso de tiro, un rifle único: el Winchester 73. Lin McAdam, uno de los forasteros, gana el concurso y consigue el rifle, pero su contrincante Dutch Henry Brown se lo roba y huye. El rifle pasa a manos de un traficante de armas, luego a un jefe indio y más tarde a un forajido. Mientras tanto, continúa la persecución. 
     2) Horizontes lejanos (1952): Dos hombres de turbio pasado, Glyn McLyntock y su amigo Cole, dirigen una caravana de colonos desde Missouri a Oregón. Cuando el invierno se acerca, deciden acampar en las afueras de Portland e intentan recuperar las provisiones que les han robado unos corruptos oficiales. En el viaje de vuelta, Cole organiza un motín para vender los suministros en un campamento de mineros y así obtener pingües beneficios.
     3) Colorado Jim (1953): Durante la guerra Civil (1861-1865), Howard Kemp (James Stewart) pierde su granja mientras lucha en el frente. Con el fin de reunir el dinero suficiente para recuperarla, trabaja como cazarrecompensas en el territorio de Colorado. Su primer objetivo será Ben Vandergroat (Robert Ryan), acusado de asesinar a un sheriff. Tras acorralarlo en las Montañas Rocosas, se unen a él dos hombres que buscan compartir la jugosa recompensa: un viejo buscador de oro y un desertor del ejército de la Unión.
     4) Tierras lejanas (1954): En 1896, Jeff, un solitario aventurero de oscuro pasado, se dedica al lucrativo negocio de surtir de carne de vacuno los asentamientos de buscadores de oro del Yukon, en Alaska. 
   5) El hombre de Laramie (1955): Un capitán americano se hace pasar por comerciante y va a Méjico para averiguar quién le vendió rifles a los apaches que asesinaron a su hermano. Entre los sospechosos se encuentran un arrogante hacendado, su despiadado hijo y el capataz de su rancho. 

martes, 7 de febrero de 2012

SAMUEL PECKINPAH (1925-1984) “Bloody Sam”




Samuel Peckinpah fue un director conocido especialmente por la violencia que introdujo en todas sus pelí­culas, forma parte del grupo de directores que hicieron remontar la decaída industria hollywoodiense durante los años 60 y 70. Entre sus importantes aportaciones al cine figura la reformulación del western clásico llevándolo a terrenos más crepusculares y violentos. 



Creó su propia leyenda, era muy complejo en sus relaciones personales y artísticas, y procuraba formar su segunda “familia” entre un equipo de colaboradores tanto técnico como artístico recurrente en su filmografía. A estas consideraciones cabe añadir su fuerte genio, su carácter provocador, autodestructivo, y su condición de mujeriego.

Nació en 1925, hijo de un abogado y perteneciente a una acomodada familia. Junto a su hermano, solían faltar a clases para ir al rancho de su abuelo materno, de ahí su pasión por los western. Su carácter lo involucró repetidamente en peleas y problemas de disciplina, por lo cual sus padres decidieron inscribirlo en la academia militar  para realizar su último año de estudios. En 1943 se alistó en los marines y en 1945 fue enviado a China.  A finales de 1946 regresó a Estados Unidos sin haber participado en ningún combate. Una vez en casa, conoció a una joven estudiante de Teatro, Mary Selland, que más tarde sería su esposa, e influenciado por ella, comenzó a interesarse por el teatro y la poesía.
Inició su carrera trabajando en televisión, donde escribió y dirigió varios programas relacionados con el mundo del western, entre ellos “Gunsmoke”, “The Westerner” y “The Rifleman”. Trabajó con el director Don Siegel en las películas “Invasión de los ultracuerpos” y “Harry el Sucio”.

Su primer trabajo como director serí­a en 1958 en TV, con el episodio de “Broken Arrow” titulado “The Knife Fighter”.
En 1961 Peckinpah dirigió su primera película “Compañeros mortales” con Maureen O'Hara y Brian Keith en los papeles principales. La cinta, rodada en principio como un telefilme pero estrenada en Europa en los cines, obtuvo un escaso éxito entre el público y la crítica.

Un año después dirigirí­a su siguiente película culta, “Duelo en la alta sierra” (1962). Con esta segunda película, rodó una obra maestra que sirve de despedida de dos grandes actores del género Randolph Scott, y Joel McCrea e inaugura uno de sus temas fetiche: el western crepuscular.

Su tercera pelí­cula fue “Major Dundee” (1965), y marcó el inicio de sus peleas con las productoras y distribuidoras. Estuvo protagonizada por Charlton Heston y situada en el final de la Guerra Civil americana. Columbia, considerándola demasiado larga y complicada hizo numerosos cortes. Peckinpah se enfureció declarando públicamente que su pelí­cula, tras esos recortes, era incomprensible y no tenía sentido.
En suma, un auténtico fuera de la ley, como sus personajes, fuera de su tiempo y de su lugar. Con estos condicionantes no resulta difícil intuir sus enfrentamientos con productores merced a sus frustraciones por no poder controlar sus películas. Tan sólo en “Quiero la cabeza de Alfredo García” (1974) Peckinpah tuvo entera libertad para crear, aunque finalmente resultara un fracaso económico. Un oasis de tranquilidad que se sitúa en medio de sus films malditos, como fueron “Major Dundee” (1965), que han pasado a los anales del cine, o su expulsión del rodaje de “El rey de juego” (1965), o sus tres años de intenso trabajo en el guión del “El emperador de norte” (1973), que finalmente rodaría Robert Aldrich, etc.

Pero la pelí­cula que inaugurarí­a la fama sanguinaria y violenta de su cine, la película que le pondría en la historia del western, y en la leyenda del cine, serí­a “Grupo salvaje” (1969) y continuando con el género del western crepuscular.

También el estilo de dirección estableció lo que serí­an sus señas de dirección, usando la cámara lenta en numerosas secuencias, una técnica de montaje vanguardista y el uso de la violencia. Fue considerada por ciertos crí­ticos como “la pelí­cula más violenta que se haya filmado jamás”.

Una película donde los héroes que, en realidad, son los malos de la pelí­cula y quienes sólo encuentran la redención en medio de una lluvia de balas.
Durante el rodaje de su siguiente película, “La balada de Cable Hogue” (1970), el director fue forzado por la productora Warner Bros a dirigir la película sin la violencia mostrada en “Grupo salvaje”. De manera que el director le dio un toque cómico y se invirtió apenas dinero ni tiempo en anunciarla, lo cual hizo que la película pasara sin pena ni gloria, y le abandonara el público.
Cuando la reputación del director estaba marcada por el apodo de “Bloody Sam” (Sam el sanguinario) que le acuñaron los críticos estadounidenses, dirigió en el Reino Unido, “Perros de paja” (1971), con Dustin Hoffman y Susan George como protagonistas principales. La película da mucho que hablar, muchos temas la cobardía, la provocación, el erotismo, la misoginia, la maldad, la venganza, el honor, el horror  y sobre todo la violencia, una película inclasificable, que hoy en día todavía no sé si me gusta o me horroriza por partes iguales.
En 1971 realizó “El rey del rodeo”, protagonizada por Steve McQueen, que no obtuvo mucho éxito de público. En ella se encuentra otro de los temas favoritos del director el de los perdedores. Y en eso Steve McQueen era un especialista.
Un año después volvería a trabajar con Steve McQueen en uno de sus más famosos papeles “La huida”, que su revalorización internacional llega tras el remake de 1994 con Alec Baldwin y Kim Basinger
En 1973 dirigió  “Pat Garrett and Billy The Kid”, con James Coburn, Bob Dylan y Kris Kristofferson, otro western crepuscular, que cuenta la violenta y trágica historia de Billy el Niño y Pat Garret, servida con mano maestra, un género que en los años setenta entraba en fase terminal y al que sólo Peckinpah consiguió insuflar vida.
En 1974 realizó su película más surrealista según la crítica, “Quiero la cabeza de Alfredo García” ; al año siguiente el thriller “Los aristócratas del crimen”  (1975), y en 1977 “La cruz de hierro”. Todas ellas realizadas con escaso presupuesto. Orson Welles se puso en contacto con Peckinpah para decirle que “La cruz de hierro”, era la mejor película antibélica que había visto nunca. Una película que contaba con la particularidad que Peckinpah desarrollaba su film desde la posición de los alemanes en lugar del de los americanos.
A finales de la década de 1970 Peckinpah parecía haber pasado al olvido, ninguna publicación hablaba de él. Su salud era ya muy precaria debido a su alcoholismo y su adicción a la cocaína. En 1978 dirigió “Convoy” que fue otro fracaso.
Su última película fue “Clave: Omega (1983)”, un thriller de espías que no tuvo ninguna crítica buena. Sam Peckinpah murió en 1984 de un ataque al corazón cuando tenía 59 años, debido a sus graves problemas de salud.
Cuando estuvo en forma su cine fue duro, complejo, emocionante, poético e inmejorable. Jamás pudo montar una pelí­cula como él quiso, y jamás encontró el beneplácito de la crí­tica norteamericana y buena parte de la extranjera. Después de ser encumbrarlo en los setenta con calificativos como el “Picasso de la violencia” o el “nuevo John Ford”, pasó en los años 80, poco después de su prematuro fallecimiento, al olvido. Pero el tiempo pone a cada uno en su lugar, y hoy nadie pone en duda de su genio y su maestría. Creó escuela, pero sus esencias no admiten el plagio. Es uno de los grandes.



Los westerns de Sam Peckinpah fueron:

1- Compañeros mortales (1961)
2- Duelo en alta sierra (1962)
3- Mayor Dundee (1964)
4- Gloriosos camaradas (1965)
5- Grupo Salvaje (1969)
6- La balada de Cable Hogue (1970)
7- El rey del rodeo (1972)
8- Pat Garret y Billy the Kid (1973)

Los westerns legendarios de Sam Peckinpah



martes, 24 de enero de 2012

DUELO EN ALTA SIERRA (1962)


Muchas veces, me preguntan por que me gustan tanto los western, y una de las muchas razones que podría dar podría ser los últimos cinco minutos de esta extraordinaria película.

“Duelo en alta sierra”, es un western crepuscular de un director Sam Peckinpah que supo despedir a los años dorados de los western con dos autenticas joyas de western, esta y la mítica “Grupo salvaje”. Interpretada magistralmente por dos cowboys de la serie B, que aquí realizan la mejor actuación de sus vidas.


Randolph Scott y Joel McCrea interpretan a dos viejos vaqueros, donde su tiempo a terminado, muy semejante a los papeles interpretados por Clint Eastwood y Morgan Freeman en la obra maestra “Sin perdón”, y se unen para vivir una última aventura juntos. Estos dos viejos vaqueros tienen que transportar el oro de las minas de un poblado minero que se encuentra en la alta sierra, hasta el banco del pueblo que se encuentra en el valle.

Todos los diálogos de esta película, y sobre todo la mayoria de las secuencias se refieren a la vejez, y al paso del tiempo en el oeste que veremos a través de los ojos de dos viejos vaqueros que intentaran sobrevivir en unos tiempos que no les pertenecen. Peckinpah muestra un gran paralelismo entre los dos protagonistas, y los actores que los interpretan. Dos actores que su vida ha estado dedicada mayoritariamente al western, que aquí realizan su último western.
“La época de las vacas gordas ha pasado, y los días de los hombres de negocios han llegado”.


Dos viejos vaqueros intentaran sobrevivir en unos tiempos que no les pertenecen

Para ver que los tiempos han cambiado para nuestros dos viejos vaqueros:

- Veremos la entrada de Joel McCrea en el pueblo, el piensa que es aclamado por la gente, y lo que aclamaban era una carrera de dromedarios, posteriormente casi es atropellado por un coche. En el ocaso del western ya se podía ver coches en los western.
- Randolph Scott se tendrá que bajar del caballo por un dolor de espalda por cabalgar mucho rato seguido.
- Refrescando los pies en el arrollo doloridos por el duro camino. La simpática explicación del porque de un agujero en su bota.



- La conversación antes de dormir, con dos curiosos pijamas que llevan nuestros protagonistas, lamentándose como hubiese sido su vida si hubieran tomado otras decisiones en el pasado.
- La preciosa secuencia de Joel McCrea pidiendo intimidad para leer el contrato, porque le da vergüenza que sepan que necesita gafas para poder leer.

Pero sobre todo el tema central de la película es la amistad entre dos viejos vaqueros, y las conversaciones de los viejos tiempos. Puro cine.

Extraordinarios son los diálogos de esta obra maestra:

- “No te preocupes, lo que da el Señor no debe venderse, pero lo que da el diablo sí. Si es que puedes pagarlo.”
- “Lo único que quiero es vivir y morir honradamente.”
- “Sabes que lleva un hombre pobre cuando muere, el ropaje del orgullo, y le es muy poco útil como cuando lo llevaba en vida.”
- “Con el orgullo, viene la vergüenza pero la modestia es sabiduría…”

Me encantan las siguientes secuencias:

- El valor de en oro de su vida, medida por las heridas de bala recibidas, por las noches en la intemperie, por la soledad, si todo una vida dedicada a la ley se pudiese medir en oro nuestro protagonista seria ahora mismo rico.
- El primer encuentro de los protagonistas, donde vemos los nuevos tiempos a los cuales ya no pertenecen.
- El épico final, donde se produce el duelo de pistolas más grande de la historia del séptimo arte. Y esa muerte de Joel McCrea, donde muere con enorme dignidad, por cumplir con su misión aunque ello le cueste la vida.


Excelente fotografía, y preciosos paisajes. Maravillosa película para amantes de los buenos western, o simplemente para amantes del buen cine.