Son los ríos más famosos del salvaje oeste, y sus nombres dieron fama a los mejores westerns de la historia del cine. Pero hoy me gustaría en este post, situar realmente donde se encuentran y como son los ríos más míticos del cine.
RÍO GRANDE Y RÍO BRAVO
Mapa de Rio Grande (Río Bravo)
Aunque podría parecer que fuesen dos ríos distintos, para los estadounidenses se llama Río Grande y para los mexicanos Río Bravo del Norte. La principal razón es que este río fue explorado en distintos momentos, en sus distintas partes y por distintas personas. Tiene una longitud de 3.034 km, y drena un área de 608.000 km². Provee de agua y de energía eléctrica a más de 13 millones de personas en dos países. Es el 18º río más largo del mundo y el segundo más largo de EE.UU.
Río Grande nace en el estado de Colorado, y fluye a través de las ciudades de El Paso, Ciudad Juárez, Laredo, Texas y desemboca en un delta arenoso en el Golfo de México. Este río ha marcado desde 1848 la frontera entre México y EE.UU, y a pesar de su nombre Río Grande y longitud, Río Bravo no es navegable. En Nuevo México, tiene su tramo más espectacular con rápidos y corrientes traicioneras.
Río Grande a su paso por Texas
RÍO ROJO
Mapa de Río Rojo
Río Rojo (en inglés: Red River), es un largo río de los EE.UU, y es uno de los principales afluentes del río Misisipi. Tiene una longitud de 2.200 km, y es uno de los 10 ríos más largos de los EE.UU y drena una cuenca de 78.600 km². El río discurre por los estados de Texas, Oklahoma, Arkansas y Luisiana.
Red River
Río Rojo nace en Texas y muere en el río Misisipi. El río adquiere su nombre de la arcilla roja de las tierras de labranza de su cuenca hidrográfica. El río es completamente navegable entre Alexandria y Shreveport.
En la parte baja del río Rojo, las laderas del río se observaban numerosas plantaciones de algodón de blancos hacendados con esclavos negros.
Río Rojo desemboca en el Río Misisipi
RÍO CONCHOS
Río Conchos es el principal río del estado mexicano de Chihuahua y el principal de los afluentes mexicanos del río Bravo.
Tiene varios embalses para aprovechar su corriente para el riego, cerca de la mitad del territorio de Chihuahua son drenados por su cuenca, que a su vez pertenece a la cuenca del río Bravo. El río Conchos nace en la Sierra Madre Occidental, en Chihuahua, a una altitud de 2.825 metros. Suele recibir importantes precipitaciones en los meses de verano y en los meses de invierno en forma de nieve, las temperaturas en esta zona suelen alcanzar los -20 °C.
Río Conchos desemboca en el río Bravo, a una altura de 782 m, siendo el principal tributario del lado mexicano, en este punto el río se ha explotado intensamente, ha dado agua para cientos de localidades y varias ciudades como Camargo, Delicias, y Ojinaga, ha provisto de agua para regar la mayor zona agrícola del estado, su caudal se ha mermado notablemente sin embargo el río aun consigue desembocar el río Bravo con una anchura de 35 metros, reforzando el también mermado caudal de este al pasar por este punto.
Río Conchos desemboca en Río Bravo
Río Bravo (1959) de Howard Hawks: Con John Wayne, Dean Martin, Ricky Nelson, Angie Dickinson y Walter Brennan.
Río Grande (1960) de John Ford: Con John Wayne, Maureen O'Hara, Ben Johnson, Harry Carey Jr., y Chill Wills.
Río Rojo (1948) de Howard Hawks: Con John Wayne, Montgomery Clift, Walter Brennan, Joanne Dru, y John Ireland.
Río Conchos (1964) de Gordon Douglas: Con Richard Boone, Stuart Whitman, Anthony Franciosa, Jim Brown y Edmond O'Brien.
Estoy un poco cansado de muchos críticos de cine calificando muchas grandes películas como cine menor, muchos de ellos consideran “El jardín diablo” como un western menor, pero digo yo, como va a ser una western menor, un film interpretado por tres grandes actores como Gary Cooper, Richard Widmark y Susan Hayward y dirigidos por uno de los grandes genios del western como Henry Hathaway.
El título original era “Vulcano” pero tuvo que ser cambiado para no ser confundido con el filme de William Dieterle.
Uno de los aspectos más importantes de este film es que fue el primer western de la historia del cine que está rodado en CINEMASCOPE, y lo aprovecharon para rodar en los preciosos paisajes de este western atípico.
El reparto está formado por dos de los más grandes mitos del oeste, Richard Widmark y Gary Cooper, dos personajes escépticos, de vuelta de todo, pero muy leales, orgullosos y sacrificados por el bien del grupo.
Gary Cooper y Richard Widmarck dos mitos del oeste
Widmarck es un jugador parlanchín, pícaro, cínico y valiente. Cooper como antiguo sheriff, es lacónico, profesional, honrado y parco en palabras (como dice Richard Widmark de él, intentar arrancarle palabras es como intentar hacer sangrar a una piedra). Gary Cooper es uno de esos actores que con su sola presencia llenaba la pantalla. Muy extraño y divertido es el vínculo de amistad que se establece entre los dos viejos vaqueros.
Susan Hayward interpreta una mujer valiente de armas tomar, seductora, un torbellino de arrolladora presencia, ambiciosa, y codiciosa. Es del tipo de mujeres que tienen a los hombres postrados a sus pies, que solamente al final de la película, encuentra algo que quiera más que el oro. Me encanta su entrada en la película, donde se presenta a los forasteros con la cartuchera en el cinto. Para mi esta actriz es una de mis pelirrojas de cine favoritas junto a Maureen O´Hara.
“Si quería el oro, y todo que con ello se puede comprar, todo el mundo lo busca, pero yo no lo quería así.”
El argumento es muy sencillo, Susan Hayward contrata a 3 forasteros liderados por Gary Cooper, para que le ayuden a rescatar a su marido que se encuentra herido en una mina de oro de su propiedad en territorio apache (“El jardín del diablo”).
El comienzo de este western es muy atípico, ya que la primera aparición de nuestros héroes en la película, llegan a través del mar, desembarcan en una playa del puerto de San Miguel. Este pueblo, tiene de curiosidad que en el saloon del pueblo, canta la preciosa Rita Moreno(“Wide Side Story”) la más bella de las canciones.
- “Widmark: Las mujeres hermosas hablan la misma lengua en todo el mundo.
- Cooper: ¿Y cómo hablan las feas?
- Widmark: Nunca las escucho."
- “Widmark: Una vez un hombre dijo: La mujer hermosa miente cuando habla, pero no cuando canta.
- Cooper: ¿Quién dijo eso?
- Widmark: Yo.”
Sin salirse de las líneas maestras y unificando dos géneros que dominaba a la perfección, el western y el cine de aventuras, Hathaway dirige una película, en la que el paisaje tiene enorme relevancia, paisaje atípico para una película del oeste, una playa, un desfiladero, un pueblo enterrado bajo la lava, aquí la arena del desierto deja paso a ceniza volcánica.
Paisaje atípico para un western
Henry Hathaway con los actores en el set de rodaje
Los peligros del viaje que van a emprender nuestros héroes a esa mina de oro recóndita serán muchos, porque tendrán que hacer frente al peligro acechante de los indios apaches, y a la codicia de los compañeros de viaje.
Como curiosidad “El jardín del diablo” es una zona sagrada por los apaches, “Luna llena” (Luna de hombre blanco) donde se abre la veda de hombres blancos.
Gran carga psicológica en todos los personajes de la película, todos tienen una motivación para ir a buscar al marido de Susan Hayward, y la gran duda, si ella realmente va a buscar a su marido porque le quiere, o realmente vuelve por el oro de la mina.
Henry Hathaway filma dramática, bellamente el sacrificio de nuestros héroes, sobre todo el del marido de Susan Hayward, donde aparece crucificado en una cruz.
Un viaje lleno de peligros
Además, me encanta la tensión sexual entre Hayward y Cooper, latente todo el metraje, y que explota hacia el final de la película.
Susan Hayward y Gary Cooper una bonita historia de amor
Uno de los alicientes de esta maravilloso film, es ese precioso desfiladero que abre y cierra la película (a mí este desfiladero me recuerda mucho a uno de mi tierra “El desfiladero de las Xanas” en Asturias), estrecho, angosto y espectacular, que es el único acceso al territorio indio y la célebre secuencia del salto a caballo donde la cornisa se ha hundido.
Y ese emocionante y precioso final, al galope por el desfiladero, con la batalla final contra los indios, con esa secuencia impresionante donde Widmark se sacrifica para que triunfe el amor entre Cooper y Hayward, y como Gary Cooper vuelve para decirle que no debería haberle hecho trampas. Y especialmente bello es el final, con Widmark agonizando con un precioso atardecer, y la sentencia de Gary Cooper en la última frase de la película:
“Si el mundo estuviera hecho de oro, los hombres se dejarían matar por un puñado de tierra.”
Atardecer en el jardín del diablo
Este final creo que con toda justicia está considerado como uno de los finales más antológicos de la historia del western.
El “Jardín del diablo”, un lugar para el recuerdo que se puede convertir en su tumba.
Río Conchos es un western del director Gordon Douglas, un artesano que poco a poco va ganando el reconocimiento de la crítica con los años. Un creador con grandes películas de serie B, las que más me gustan son “Grandes horizontes” con Alan Ladd y Virginia Mayo, “15 balas” con Clint Walker, y sobre todo las grandes “El detective” con Frank Sinatra, “Chuka” con Rod Taylor, “La humanidad en peligro” con James Whitmore, y la película que más me fascina de este gran director “La novia de acero” con Alan Ladd y Virginia Mayo.
Una curiosidad es que el río que da nombre a la película, es un afluente de Río Bravo, otro título mítico de la historia del western.
Río Conchos es afluente de Río Bravo
“Río Conchos”, se basa en la novela de Huffaker, que fue el coautor del guion de “Centauros del desierto”.
Río Conchos constituye un punto de inflexión en la historia del western, en la transición del ocaso del western clásico, antes del western crepuscular de Sam Peckinpah y autentico presagio del spaguetti-western. Un western con grandes similitudes con este género. Aquí el ambiente es de western sucio y fronterizo, el polvo en las ropas acompaña a nuestros protagonistas durante todo el metraje, además de los personajes, la violencia de la cinta es algo que le acerca bastante al nuevo género, que después Leone impondría en todos sus westerns . Por cierto Gordon Douglas también firmó un spaghetti-western magnífico con Lee Van Cleef “El barquero”.
Gran película de aventuras
Richard Boone dibuja un personaje memorable, el antihéroe por excelencia, con grandes semejanzas con el Ethan de John Ford, Jim Lassiter, es un racista, borracho, ex-soldado confederado, consumido por el dolor, el alcohol, el odio, y con gran sed de venganza contra los indios años atrás torturaron y mataron a su familia.
Richard Boone como Jim Lassiter
La intro de este western es formidable, se abre la película con un enterramiento indio, en la lejanía se ve la silueta de un vaquero que se baja del caballo, a continuación se oyen cinco disparos, y se ven cinco indios muertos. Hasta ahora no habíamos visto en el cine, a los indios enterrando a sus muertos.
Preciosos los títulos de crédito
La historia de este western es muy buena, 4 hombres muy distintos se tienen que unir para intentar recuperar un cargamento de armas de repetición que ha sido robado. El cuarteto está formado por los yanquis el capitán Stuart Whitman y el sargento Jim Brown (una leyenda del fútbol americano en su primera película), con la obligación moral de recuperar el orgullo perdido por haber perdido el cargamento, y los confederados Richard Boone y el bandido Anthony Franciosa (nominado a los globos de oro, por su actuación) como un pícaro mexicano mujeriego y ladrón, rápido con el revólver y más certero con el cuchillo.
Stuart Whitman con Río Conchos a su espalda
Jim Brown y Anthony Franciosa como brillantes secundarios
Una película que se adelanta a los “Doce del patíbulo”; un heterogéneo grupo de inadaptados que se dirigen a una misión imposible y a una muerte segura, que acaban convirtiéndose en héroes. A mí el argumento también me recuerda a un western que le tengo especial cariño de Sam Peckinpah “Mayor Dundee”, un grupo de confederados y yanquis que se deben de unir a la caza de una salvaje tribu india que ha abandonado la reserva, matando todo lo que se encuentra a su paso.
Una película muy bien interpretada, en especial por el siempre taciturno Richard Boone, actor increíblemente carismático condenado a papeles secundarios como villano.
Muchas imágenes para el recuerdo, Richard Boone llega a una cabaña asaltada por los apaches, y el paisaje que se encuentra es desolador, teniendo que ayudar a morir de un disparo a una mujer que ha sido atacada, y luego contemplando el bebé herido que llora en la cuna. La imagen de la derrota y la desolación de Boone es realmente inolvidable.
Richard Boone desolado
La partida de armas han sido robadas por unos rebeldes sudistas comandados por un general totalmente demente (genialmente interpretado por Edmond O'Brien), que tiene la intención de reiniciar la guerra de secesión y que se encuentra escondido con un ejército de indios en medio del desierto, en un campamento presidido por una enorme mansión sureña a medio construir.
Edmond O'Brien interpreta a un villano legendario
Y una de las escenas más memorables del western, ver la apocalíptica escena en la que la mansión del General Pardee (Edmon O´Brian) cae pasto de las llamas. Un claro antecedente del Coronel Kurtz (Marlon Brando) de “Apocalypse Now”. Edmon O’Brien borda el papel de villano megalómano con planes para conquistar el mundo. Villano con grandes semejanzas con los malos de las películas de Bond.
Memorable final apocalíptico
La escena más escalofriante y dura de la película, cuando nuestros protagonistas son apresados por los Apaches, el film enseña con detalle la tortura a la cual son sometidos, siendo arrastrados a caballo mientras las gentes del poblado los golpean. Sin duda, Ford, Mann o Hawks no nos hubieran enseñado eso. Aquí los apaches son malísimos, no se adivina, sino se ve claramente.
Tortura a la cual los apache someten a nuestros protagonistas
Western crepuscular, relativamente desconocido para el gran público, con una gran fotografía ayudada por el precioso Cinemascope, y la preciosa banda sonora compuesta por un jovencísimo Jerry Goldsmith.
Para recordar las prodigiosas escenas de acción, como por ejemplo la emboscada de los mexicanos a los protagonistas.
Una película soberbia, desbordante de ritmo, nervio narrativo e ingenio visual, tan perfecta y violenta como definitivamente honesta.
Tarde muchos años en acercarme a esta película, quizás porque no me gustaba la idea de mezclar la comedia y el western, y quizás me atreví hace muy pocos años, porque el director que la firmaba era uno de los maestros del western. Y no me arrepiento de verla, sino que hoy la recomiendo fervientemente, y tengo que decir que:
“Nunca el oeste fue tan divertido”
Prodigiosos y maravillosos los títulos créditos, para mi gusto los mejores títulos de crédito de la historia del western. Con esa pegadiza canción que da título en inglés a la película: “The Hallelujah Trail”, la música de un habitual de los western de Sturges el increíble Elmer Bertein, en la penúltima de sus siete fructíferas colaboraciones, y sin duda alguna, una de las más divertidas.
Grandísimos y preciosos los títulos de crédito
The Hallelujah trail de Elmer Bertein
John Sturges, más conocido por los grandes western “Los Siete Magníficos”, “Duelo de titanes” o “El último tren a Gun Hill”, decidió en 1965 arriesgarse a dirigir una comedia que tiene como punto de partida la situación histórica real del desabastecimiento de whisky que sufrió Denver en el invierno de 1867. Sturges ya lo había intentado antes con la desafortunada “Tres sargentos” en 1962, al servicio de las estrellas Fran Sinatra y Dean Martin.
John Sturges con todos los actores del reparto
Me gusta y me parece muy simpática la voz en off, el narrador que cuenta la historia de la película como si fuera un cuento.
La historia se desarrolla en el año 1867, donde si existía algo más valioso que el oro, era el whisky. Grandes actuaciones de sus dos protagonistas Burt Lancaster y Lee Remick, y muy divertida su “guerra de sexos”, a la semejanza de las viejas comedias de Katharine Hepburn y Spencer Tracy.
Lee Remick en un descanso del rodaje
Grandes secundarios: Jim Hutton, Pamela Tiffin, Brian Keith, Martin Landau, Donald Pleasence (el falsificador de “La gran evasión”).
Jim Hutton y Pamela Tiffin
La historia es muy simple, en el otoño de 1867, en la ciudad de Denver se plantea un grave problema: no les queda whisky para poder pasar el largo y crudo invierno. Preparan entonces un plan para traer un gran cargamento de bebida a la ciudad, donde el ejercito comandado por el coronel Burt Lancaster es el encargado de custodiar la preciada mercancía frente a todos: los indios con Martin Landau al frente, las mujeres prohibicionistas con Lee Remick, la milicia ciudadana con su oráculo-guía Donald Pleasence, y la caravana de Wallingham comandada por Brian Keith (contribuyente y buen republicano).
“La batalla de las colinas del whisky” posiblemente es el western más divertido jamás rodado.
Posee uno de los mejores planos rodados en la historia del western, la salida del destacamento del fuerte, con la preciosa música de Elmer Bertein, y la maravillosa fotografía de Robert Surtees, con un bonito cielo plomizo, que parece que el director encargó para esta película, quien ha visto este plano, sabe de cual estoy hablando, irrepetible.
Preciosa fotografía de la película a cargo de Robert Surtees
Las escenas de acción son muy vistosas y espectaculares, sobre todo los indios cabalgando y subiéndose sobre los carromatos con los caballos desbocados, y después los carromatos volcando con la preciada mercancía.
Las escenas son de las que se quedan en la retina grabadas, por la gran cantidad de gags que tienen para el recuerdo:
Las "visiones del Oráculo", que solamente tiene esas visiones cuando bebe whisky.
Oráculo-guía Donald Pleasence
Como arreglan las disputan los indios entre ellos.
Burt Lancaster y su división llega al fuerte, y después de oír los cañones en el fuerte, forman en línea de ataque, pero cuando llegan ven a todas las feministas cantando una alegre canción.
La hija de Burt Lancaster coqueteando con Jim Hutton delante de su padre.
Lee Remick y Burt Lancaster importunándose el uno al otro mientras se dan un baño.
Lee Remick y Burt Lancaster se importunan en el baño
La orquesta uniéndose a las prohibicionistas desde la cárcel.
La divertida batalla que da nombre a la película, donde se desata una tormenta de polvo y arena, y tenemos cinco posiciones bien diferenciadas: la milicia de Denver, los indios sioux, el ejército, las prohibicionistas y la caravana de Wallingham, con la imagen divertida de Donald Pleasance embutido en su traje, acurrucado en la tormenta, viendo pasar soldados e indios de un lado a otro. Es tal la confusión en la batalla, que ni el narrador sabe la posición de cada uno de los grupos. La batalla más extraña de la historia del cine.
Los mapas de situación que acompañan la historia, que junto con los títulos de crédito tienen la estética de los dibujos animados.
Plano de situación que utiliza el narrador para contarnos la historia
El indio con una bandera blanca como símbolo de buena voluntad.
Símbolo de buena voluntad
Los carros de whisky hundiéndose en el valle de las arenas movedizas.
La vuelta de tuerca a las películas del oeste, siendo el ejército el que ataque cabalgando en círculos a los indios rodeados.
Maravillosos la mayor parte de los diálogos de la película, cargados de una simpática ironía:
- "Debería comprender a la señora Massingale una señora que perdió a sus tres maridos por culpa del alcohol.
- Salieron prematuramente a la tumba por culpa del alcohol.
- Quisiera saber el por qué."
El sargento habla con el coronel antes de salir del fuerte sobre proteger a las mujeres de la liga antialcohólica.
- "Podrían tropezar con un grupo de indios sanguinarios.
- Entonces, sugiero rezar por los indios."
- "Trompeta el que se una al coro de las mujeres lo mando fusilar.
- Aunque sea lo último que haga, haré que esa banda las trasladen a Alaska."
Soldados viendo escondidos bañarse a las señoritas apostados desde un árbol.
- "Tenemos un problema moral.
- Las damas están tomando baños desnudas.
- Sargento, señor. Maldita sea.
- Sí, señor."
Burt Lancaster comenta a Jim Hutton el plan:
- "Avanzaremos en dirección en casi paralela a ellas.
- Perdone señor, “dirección casi paralela”, que es nueva táctica, no la conozco.
- Pues fue bien conocida durante la guerra.
- ¿Cómo se llama señor?
- Se llama contacto separado."
Una película que, a pesar de ser de los western más largos (2 horas y media), te deja una sonrisa en la boca, y tarareando durante todo el día su pegadiza canción.
Todos los protagonistas de esta divertida película
Sara Montiel fue la gran estrella, la que hizo que se nos conociera en el mundo entero, en un momento en el que España no atravesaba su mayor esplendor.
La actriz Sara Montiel falleció a los 85 años en su casa en el madrileño barrio de Salamanca. La intérprete, nacida en 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real), un pueblo humilde reconocido por sus molinos de viento, uno de los cuales lleva su nombre. Al estallar la Guerra Civil, se fue con su familia a Orihuela (Alicante), y ahí la futura estrella comenzó a estudiar en un colegio de monjas, donde le enseñaron a cantar. María Antonia Abad Fernández (que era su verdadero nombre) tenía 16 años cuando en la Semana Santa de 1941 cantó una saeta que escuchó el periodista José Ángel Ezcurra, fundador de la revista “Triunfo”, y quiso conocerla.
Se presento a un concurso de canto donde interpretó “La morena de mi copla” y ganó. Luego la llevaron a Barcelona para hacer unas pruebas de cine, y debutó, no sin ciertas reticencias, con “Empezó en boda”, al lado de Fernando Fernán-Gómez. “Fue el primero que me besó. Yo tenía 16 años y no sabía. Y me explicó cómo se hacían las películas. Yo creía que se hacían como se ven: del principio al final”.
Cambió su nombre, por el de su bisabuela Sara, un nombre que le agradaba. Así nació Sara Montiel. Quizás no fue, efectivamente, la más bella, pero si la más fascinante. Sara Montiel aportó al cine español de los años sesenta una sensualidad y erotismo desconocida en las pantallas hispanas. Un hermoso cuerpo, la mirada insinuante, un busto provocador, unido al personaje de mujer libre en el amor que la hizo famosa, despertaron en el público una pasión que la convertiría en la máxima estrella de esa época. Pero su carrera no fue siempre un camino de rosas. En su vida, realidad y ficción se confunden con frecuencia y es difícil establecer dónde acaba una y empieza la otra.
Llegaron más películas. En “Locura de amor”, donde hizo de mala de la función. Como ella comentaba por aquella época: “Pero ahí el público comenzó a notar que en realidad yo estaba buenísima”.
Sentía, con todo, que su carrera de actriz no despegaba. Un día, el dramaturgo Miguel Mihura, la contrató para hacer “Furia roja” en México. Sara Montiel de Miguel Mihura dijo: “Mi primer amor, el hombre que me hizo mujer y al que volvía loco en la cama y dejaba como un trapo”.
En México aprendió a leer y a escribir, ya que hasta entonces, para interpretar sus primeros papeles en el cine tenía que aprenderse de memoria los textos que le iban leyendo. En México, intervino como protagonista en una docena de películas de éxito, a destacar “Cárcel de mujeres” (1951) donde por cierto compartió planos con otra mexicana que triunfo en Hollywood Katy Jurado, y “Piel canela” (1953), en las que aparecía tan guapa que fue reclamada por Hollywood.
“¡Ay, qué país México! Una industria cinematográfica muy profesional, en plena época de oro. ¡Y la gente se podía divorciar! Una realidad que contrastaba con la España cutre que teníamos. Al instante me hice famosa. Cómo no, si me pusieron al lado de Pedro Infante. Hice tres películas con él. Y me hice mexicana, claro. Todavía tengo mi carta de nacionalidad en la caja fuerte. Cuando me casé con Tony Mann, en Los Ángeles, me casé con mi otro pasaporte, el mexicano”.
Mucho antes de que en Hollywood pudieran desembarcar actores y actrices españoles fue ella, quien exportó el talento cinematográfico español convirtiéndose en mito sexual e icono del cuplé. Su origen humilde no impidió que fuese la primera estrella española que conquistar las Américas.
Debutó en Hollywood con un gran western “Veracruz” (1954) junto a dos grandes actores del western: Gary Cooper y Burt Lancaster. Como curiosidad fue tal el revuelo que provocó Sara Montiel en la película, que cambiaron el orden de aparición, y aunque la protagonista era Denise Darcel Saritísima aparecía antes en los títulos de crédito. Esta película lanzó a la joven actriz española como nueva estrella en Hollywood. De hecho, las letras de crédito que abren la película dicen: “introducing Sarita Montiel” (presentando a Sarita Montiel). Sara gana protagonismo a medida que la película avanza, y en la escena final Sara se reencuentra con Gary Cooper. Como anécdota curiosa, se dice que vivieron un romance durante el rodaje.
Pero fuera como fuese, en Hollywood intervino igualmente en “Yuma” (1957) otra gran western del gran Samuel Fuller, que le brindó a Sara Montiel la oportunidad de interpretar a la india “Mocasín Amarillo”, y convertirse en el mito erótico de toda una generación de españoles. Y por último intervendría en “Dos pasiones y un amor” (1956), en la que intimaría con el director, Anthony Mann, con quien finalmente contrajo matrimonio.
Sara Montiel como la india “Mocasín Amarillo”
De su matrimonio con Anthony Mann, le llevó a codearse y verla aparecer con multitud de estrellas del Hollywood clásico.
Sara MontielconAlfred Hitchcock, Elitabeth Taylor , Gary Cooper y James Dean
En 1957, con el estreno de “El último cuplé” le llegó el éxito. A partir de entonces comenzó a protagonizar una cadena de melodramas musicales. Y puso su tarifa: “Un millón de dólares por película”. Ella misma elegía las canciones que iba a interpretar. También el vestuario, para que estuviera a juego con la escenografía. Y hasta el horario de trabajo. Con esta película saltó a la fama internacional al protagonizar la película más taquillera de la historia del cine español durante muchos años. Esta película fue una modesta película española, que su productor y director Juan de Orduña tuvo que malvender para concluir el rodaje. Contra toda todo pronóstico, el éxito del film fue clamoroso. Más de un año se mantuvo en cartel, circulando luego por múltiples países de Europa y América, afianzando con ello la presencia de una nueva Sara Montiel, descubierta como sex-symbol y también como cantante.
El último cuplé
Sara Montiel además interpretó canciones de resonancias inolvidables tales como “Fumando espero” o “Bésame mucho”, ya que también fue una de las más cotizadas actrices en el terreno de las variedades.
En total, Sara Montiel publicó como cantante una treintena de discos y participó en cerca de 60 películas, muchas de ellas internacionales junto a los galanes del momento: Burt Lancaster, Joan Fontaine, Mario Lanza, Vincent Price y Charles Bronson. Firmó contratos millonarios para Warner Bross y United Artists y trabajó con los directores más reputados, por ejemplo, Anthony Mann. Del gran escritor Ernest Hemingway aprendió una afición que la identificaría para siempre: fumar puros habanos.
Pero su vida amorosa fue bastante azarosa. Tras separarse de Mann en 1960 se casó con el productor José Vicente Ramírez Olalla y luego con el empresario Pepe Tous con quien adoptó dos hijos: Thais y Zeus. En su etapa más madura se volvió a casar con Tony Hernández, un cubano de entonces 39 años, declarado admirador de la artista y de dudosa reputación, de quien se separó en 2003.
Se olvidó de Hollywood, porque como ella decía: “Porque me negué a volver a madrugar. En México y Estados Unidos tenía que levantarme a las cinco y media o seis de la mañana. ¡Nunca más!”.
Los éxitos se sucedieron imparables: “La violetera” (1958), “Carmen la de Ronda” (1959), “Pecado de amor” (1961), “La reina del Chantecler” (1962). A medida que tenía más éxito imponía su criterio en los rodajes, y se hizo, cada vez más difícil dirigirla.
La violetera
Las anécdotas que se cuentan de la Montiel son infinitas, muchas de ellas disparatadas, como algunas que ella misma escribió en sus diversas autobiografías. La más ridícula era que James Dean se mató en el coche tras una frenética tarde de amor con ella. Otra fue que tuvo un idilio con el científico asturiano Serero Ochoa, o que Marlon Brando iba a desayunar huevos a su casa de EE.UU.
Después de la película “Cinco almohadas para una noche” (1974), de Pedro Lazaga fue un rotundo fracaso, y el mito de Sara Montiel en el cine desapareció con ella, con lo que decidió dejar el cine en 1974.
La vida de Sara Montiel se fue alejando paulatinamente de la escena hasta llegar a ser más popular en la prensa rosa por algunos de sus romances y por sus excesos que por sus películas. Joyas, viajes, operaciones estéticas y excesos que formaban parte de una vida recargada que ostentaba glamour y que la acompañó hasta el final de sus días.
Comenzó a hacer sus pinitos en el teatro, haciéndose acompañar de otras grandes de la canción, pero su estrella no levantó el vuelo. Puede que no supiera aprovechar las oportunidades que le llegaron a continuación. El caso es que en los últimos años sólo se hablaba de la Montiel por sus extraños romances, pálido reflejo de los que había presumido. Pero haciendo balance de su vida ella se sentía satisfecha al recordar la pobreza en que había vivido, su ilusión por ser “alguien en la vida”, algo imposible de imaginar entonces, y ahora, resumía, “todo es como sueño: lo inalcanzable, alcanzado, como en un cuento de hadas”.
"Nací de pie, pero nací y aunque no hubiera hecho “El último cuplé” habría llegado arriba por un lado u otro", dijo en una ocasión, aunque ya más seria, reconoció que en su entorno rural se hizo una promesa: "Me juré no tener ningún amo, ser pájaro libre y lo he cumplido".
Fue tan importante Sara Montiel en España, que su funeral fue como si fuera la de un Jefe de Estado, paseando su fetro por todas las calles del centro de su Madrid del alma.
Cortejo fúnebre de Sara Montiel por las calles de Madrid
LA CELADA 1972 Douglas Hickox
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[image: Bandera del Reino Unido] *Sitting Target (La Celada es España) es
una película inglesa de 1972 dirigida por Douglas Hickox y rodada en
Londres . ...