miércoles, 27 de julio de 2016

BUD SPENCER (1929-2016)


Me ha llenado de alegría y de satisfacción todas las muestras de cariño, de afecto y las bonitas palabras que he leído durante todos estos días sobre la figura de este “Gigante bueno”, porque igual que me pasa a mí,  Bud Spencer forma para de toda una generación de adolescentes que crecimos con sus aventuras con su inseparable Terence Hill, y no podemos nada más que recordarlo que con una sonrisa en la boca.


No era el mejor de los actores ni muchísimo menos, pero lo que sí es cierto que para varias generaciones en todo el mundo, en solitario o con su amigote más habitual Terence Hill, representa a un cine de entretenimiento y diversión que ya no se hace, un cine para olvidarse de todo, sin ninguna pretensión  y nada más que preocuparte de echarte unas risas.

Un actor inolvidable

Todas las películas de Bud Spencer contienen un humor muy blanco, totalmente físico, centrado en las peleas ridículas, los golpes, las caídas y los mamporros, que junto con su música, lo hacían muy cercano al humor Slapstick  del cine mudo.



Humor slapstick

Yo me he criado con este tipo de cine, el cual echo mucho de menos, y con la gran pena de que ya no se haga este tipo de películas, y la razón creo que es que ya prácticamente no nos quedan estrellas del carisma de nuestro querido Bud. A día de hoy puedes recuperar cualquiera de sus películas y siguen siendo muy entretenidas y divertidas. 


Cine muy divertido y entretenido (Dos super dos)

Se va una gran estrella de cine con todas las letras, un actor gigante, bonachón, honesto y que no creo que le cayese mal a nadie. Es una pena que se haya ido uno de mis ídolos de mi infancia, es ese tipo de personas que deberían ser inmortales, y aunque no lo creáis un actor que a través de sus películas me enseño a amar el cine, el cine como entretenimiento, pero sé que cuando lo necesite siempre me quedara su cine para echarme unas risas y divertirme un rato sin más pretensiones. Ojala donde quiere que vaya siga repartiendo mamporros a cualquiera que se lo merezca, y mi deseo que también los ángeles coman judías.



Como homenaje a su figura me he puesto la película “Y si no, nos enfadamos” (1974), de Macello Fondato, quizás su película más divertida junto a su inseparable amigo Terence Hill, rodada en Madrid y con una pegadiza banda sonora, fue un éxito en taquilla, y hoy vista de nuevo es enormemente entretenida, creo que sin pasarme la considero una pequeña obra maestra del humor. Con unas escenas tan inolvidables como: El duelo de comer salchichas y cervezas para ver quién se queda con el buggy, el duelo medieval subido en una moto, la gracia con la que bailan en club de moda, la pelea contra los malos repartiendo sus característicos golpes y mamporros en un club lleno de globos, y por supuesto la secuencia del coro con el famoso “lalalalalalalalalalalala” mientras ambos sortean a un francotirador (Manuel de Blas) y Emilio Laguna, director del coro, rompiendo batutas.






Una escena para morirse de risa


Un duelo muy medieval 

Espectacular pelea final 

También le he recordado en la estupenda película de Steno de la saga “Zapatones”, donde interpretaba al comisario Rizzo en la ciudad de Nápoles, luchando implacablemente contra la mafia y el tráfico de drogas. La primera parte es una magnífica película policíaca digna de mención, con una espectacular pelea con sus característicos golpes con dos peces uno en cada mano, una película muy recomendable y de lo más estimable, siendo una de las mejores del género policíaco francés o italiano de la época, las siguientes estregas son también muy entretenidas pero inferiores a esta primera, por ser más blandas e infantiles. 


Mítico personaje de Zapatones

Carlo Pedersoli que así se llamaba, medía casi dos metros, pesaba más de 140 kilos y a la mínima sonreía, soltaba un rotundo: “Nunca fui actor”.


Una imagen reciente del actor con una foto de cuando era nadador 

Nació en Nápoles en 1929, su familia emigró en 1947 a Sudamérica, lo que le obligó a abandonar la carrera de Química, que había empezado muy temprano por su facilidad para los estudios. Dos años después volvió a su país, impulsado por su destreza como nadador. En 1950 se convirtió en el primer nadador italiano en bajar del minuto en los 100 metros libres (fue siete veces campeón nacional de esa distancia), y logró varias medallas en distintos Juegos del Mediterráneo. En los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 y de Melbourne 1956 además de nadar en solitario formó parte del equipo de waterpolo de su país que alcanzó las semifinales en ambos campeonatos, y también compitió en ese deporte en los de Roma de 1960. 


Bud fue un nadador que compitió en los Juegos Olímpicos 

Después de sus segundas olimpiadas se fue a Venezuela y tuvo muchos trabajos, empleado aquí y allá, e incluso trabajó en la construcción de una carretera panamericana. Trabajador de embajadas, licenciado en Derecho y Sociología, fundó una compañía aérea, productor de documentales, piloto de avionetas, cantante, compositor…, y decenas de cosas más.


Una de sus pasiones era volar 

Quizás su faceta menos conocida fue la de cantante y compositor. Fue autor de las canciones de algunas de las películas donde participó como actor y también compuso varios temas para algunos de los cantantes más populares de los años sesenta.

El nombre de Bud Spencer, se debe a la cerveza Budweiser, de la que Pedersoli era fan, y a su pasión por Spencer Tracy, fue un actor muy listo ya que hablaba seis idiomas, incluido el castellano entre ellos.


Su plato favorito 

Nunca quiso ser actor, a pesar de que su mujer, María Amato, su ángel de la guarda, 56 años juntos, la cual era hija del señor más importante del cine italiano, Peppino Amato, célebre productor de De Sica y La dolce vita, pero nunca le dijo a Bud si quería ser actor. 


Su ángel de la guarda durante 56 años



Bud Spencer junto a su familia 

Su primer papel en el cine sin diálogo hizo de romano en el mítico Peplum italiano "Quo Vadis?". 


 Bud Spencer como romano 

La oportunidad en el cine le llegó porque necesitaban un grandullón para una película italiana, y  aunque al principio no se pusieron de acuerdo por una cuestión económica, finalmente cedieron y aceptaron porque no encontraron a nadie con sus dimensiones. Su primer papel importante en el cine con diálogo fue  “Tú perdonas… yo no” en 1967 de Giuseppe Colizzi, que como cuenta en sus memorias:

“Lo que pasó es que en  “Tú perdonas… yo no”, el actor protagonista, que se llamaba Peter Martell, se rompió el pie peleándose con la novia. Entonces el director salió corriendo por los estudios Cinecitta a buscar a otro y encontró a Terence Hill, que estaba haciendo una película con Rita Pavone, un papel pequeño, y se vino con nosotros.”, con el que estableció
una pareja para la eternidad. 



Una pareja para la eternidad

Bud Spencer y Terence Hill no hicieron spaghetti western. Lo que hicieron fue el Western Cómico, el cual no existía hasta entonces. En el spaguetti-western siempre había muertos, violencia, tiros, pero ellos hicieron la violencia cómica, sin sangre. Rodaron westerns que se anteponía la comedia, los mamporros y las alubias a la violencia y los tiroteos.


Bud Spencer y Terence Hill crearon el western cómico 

Con Colizzi y junto a Terence Hill rodaron en Almería una trilogía de western cómico: fue “Tú perdonas… yo no” (1967), “Los cuatro truhanes” (1967), y “La colina de las botas” (1969). Vistos hoy sorprenden bastante, porque son películas más violentas de las que rodarían juntos después.


Bud Spencer y Terence Hill fueron unos habituales de Almeria 

Del cine rodado en Almería  Bud siempre recordaba  que una vez estando rodando al mismo tiempo que Sergio Leone, como no se tenía dinero para alquilar más caballos, cuando Leone terminaba de rodar les pasaba sus caballos, así que en los westerns de Bud Spencer de usaban los caballos cansados de Sergio Leone, a pesar de que ya no corrían mucho.


Su humor iba como anillo al dedo al western 

La química con su compañero de mil batallas fue sencillamente brutal. Hill, delgado y atractivo, ágil y pícaro, se mezclaba a la perfección con Bud, grande y fuerte, bruto y bonachón. Emergieron como pareja en una especie de versión latina y socarrona de “El gordo y el flaco”, ahí nace, con un éxito mundial, el modelo de sus películas en pareja, un total de dieciséis, que tienen un humor en el fondo muy clásico, de porrazos y casi mudo, con muchas secuencias silenciosas.

“Cuando actúo junto con Bud, es como si algo surgiera entre nosotros y conseguimos ser divertidos”, sostenía Terence Hill.


Quien tiene un amigo tiene un tesoro 

Y triunfaron. Vaya si triunfaron. Tres años después de su debut como pareja en el cine llega la descomunal “Le llamaban Trinidad”, de Enzo Barboni, que en 1970 lanza al estrellato a dos vaqueros hermanos que contra las pistolas prefieren repartir mandobles.


Le llamaban Trinidad 

La primera secuencia de la trilogía dirigida por Enzo Barboni se abría con la presentación de TrinidadTerence Hill,  que tumbado en una cutre hamaca de palos atravesaba el desierto arrastrado por su caballo. A continuación se encontraba a su hermano, Bud Spencer, que ya era el Sheriff del pueblo y, cuales peculiares Don Quijote y Sancho, se embarcaban en la aventura luchando contra la injusticia y en la cruzada de la defensa de los más débiles.


Mi nombre es Trinidad 


El éxito radicaba que el señor Bud Spencer y el señor Terence Hill no discutieron en toda su vida. Algo increíble en todas las parejas del mundo cinematográficas. La razón principal era porque Bud consideraba a Terence Hill como un actor y el no se consideraba a sí mismo como tal, así que no le importaba nada, no había ningún tipo de rivalidad ni egos entre ellos. Ese era el carácter humilde de Bud, cuentan que su amistad ha durado toda la vida y que Terence Hill iba a comer a la casa de Bud spaghetti  con tomate una vez al mes, porque en su casa su mujer no le dejaba, porque tenía que guardar la línea.




Una amistad para toda la vida

Hicieron hasta 16 películas juntos, algunas muy disparatadas y divertidas, las que más me gustan son:  “Le seguían llamando Trinidad” (1971) Enzo Barboni, “Y si no… nos enfadamos (1974) de Marcello Fondato, “Dos superpolicías” (1977) Enzo Barboni, “Estoy con los hipopótamos” (1979) Italo Zingarelli, lo que me divierte esta película la vería por lo menos una docena de veces, “Quien tiene un amigo... tiene un tesoro” (1981) de Sergio Corbucci, y sobre todo “Y en Nochebuena se armó el belén” (1994) de Terence Hill, que fue su última película juntos y que sirve de homenaje a una carrera plagada de éxito y de buen humor. Aunque su carrera por separado tampoco está nada mal, la verdad es que cuando no actuaban juntos se echaba mucho de menos a la otra mitad, siempre esperabas que el otro apareciese en cualquier momento.


Su última pelea en el cine 


Después de 20 años le seguían llamando Trinidad 

Bud Spencer pasara a la historia por ser el rey del tortazo, su especialidad era el puñetazo vertical era el golpe más característico que propinaba en las películas. Era un auténtico maestro en esa técnica, así como del tortazo lateral y el choque de cabezas.

Para el recuerdo nos dejó muchos personajes míticos: "El Niño", "Piedone", "Bulldozer", "Bombardero" y "Banana Joe". Al que más cariño le tengo es a Banana Joe, un bonachón comerciante de plátanos que luchaba con uno de sus mayores enemigos de su carrera la burocracia ¿Quién no recuerda su pegadiza canción?. 



Banana Joe 

 “Yo lo único que siempre quise plasmar en las películas es algo por lo que lucho en la vida real: terminar con la injusticia" Bud Spencer.


Los 5 golpes de Bud Spencer 


A ambos, en 2010, les concedieron un premio David Di Donatello honorífico en reconocimiento a su trabajo.


Bud Spencer y Terence Hill recogen el premio Donatello 

"Papá se marchó serenamente a las 18:15. No sufrió, nos tenía a todos junto a él y su última palabra fue 'gracias'", anunció su hijo, pues por Banana Joe, por Bombardero, por Bulldozer, por ser un superpolicia, por zapatones, gracias a  ti por todo lo que nos diste, te echaremos de menos grandullón. Espero que allá donde vayas sigas apostando el buggy rojo a salchichas y cerveza.


Hasta siempre grandullón 

El funeral de Bud fue como el de un Jefe de Estado, con una despedida tan grande como fue el en vida, sonando los acordes de "Y si no... nos enfadamos". 

Un bonito funeral

Todos los westerns cómicos en los cuales participó son:

1. Tu perdonas yo no (1967) de Giuseppe Colizzi



2. Más alla de la ley (1968) de Giorgio Stegani



3. Ojo por ojo (1968) de Tonino Cervi



4. Los cuatro truhanes (1968) de Giuseppe Colizzi



5. Un ejercito de cinco hombres (1969) de Italo Zingarelli



6. La colina de las botas (1969) de Giuseppe Colizzi



7. Le llamaban Trinidad (1970) de Enzo Barboni



8. Le seguían llamando Trinidad (1971) de Enzo Barboni



9. Una razon para vivir una razón para morir (1972) de Tonino Valerii



10. En el oeste se puede hacer ... amigo (1972) de Maurizio Lucidi



11. Dos granujas en el oeste (1981) de Michele Lupo



12. Y en nochebuena se armó el belén (1994) de Terence Hill


miércoles, 15 de junio de 2016

YVONNE DE CARLO (1922-2007)

¿De que estaba hecha Yvonne de Carlo?
De azúcar y especias.





No creo que el mundo del cine haya sido suficientemente justo con ella, una de mis actrices favoritas a la que le tenía muchas ganas de realizar una entrada, y con la excusa del western que revise el otro día, en el cual interpretaba fantásticamente a Calamity Jane, me animado en homenajearla en este post. 




Yvonne De  Carlo fue toda una luchadora 

Creo que a pesar de todas las dificultades que tuvo en su vida, nunca se rindió y supo renacer de sus cenizas como el ave Fénix, fue una triunfadora pero no lo tuvo nada fácil en la vida. Su principal éxito fue que supo levantarse todas las veces que se cayó, y la verdad que no fueron pocas. 

Supo levantarse todas las veces que se cayó en la vida 

Una de las razones por las cuales me gusta tanto Yvonne de Carlo es por su interpretación en dos películas: “La esclava libre (Band of Angels)” (1957) de Raoul Walsh, una de las películas de mi vida, un remake de “Lo que el viento se llevó”, que siendo sincero me gusta mucho más que ella, con la que comparte una época similar, una película donde Walsh mezcla extraordinariamente: drama, romance, aventuras, racismo y esclavismo. La razón por la cual me gusta más que “Lo que el viento se llevó” es por la hermosa Yvonne De Carlo, porque dibuja un personaje más poderoso y menos cursi que la Vivian Leith de “Lo que el viento se llevó”. 

Yvonne De Carlo fue la esclava libre 

Un Clark Gable ya maduro repite su papel más famoso de la historia del cine, el papel de Rhett Butler, un dandy caballero dueño de plantaciones de esclavos, que se enamora de una esclava tan hermosa y orgullosa como Yvonne De Carlo. Para mí es una película muy especial por escenas tan maravillosas, como es la presentación de Gable pasados los primeros 20 minutos de la película, donde primero se oye su voz, y después emerge su gran figura (qué grande es el doblaje en español de Gable con esa voz tan especial y característica, una vez lo escuche en VO y parece que no me gustó tanto). 

Yvonne De Carlo junto a Sidney Poitier 

La escena épica donde una tormenta cierra con violencia puertas y ventanas en una preciosa casa victoriana, y él entra con vehemencia rompiendo la puerta de su habitación y besándola con enorme pasión, o ese duelo con pistolas donde Gable vence sin disparar un solo tiro. Y porque creo que nadie saco nunca tan guapa como esta en esta película a Yvonne de Carlo, y como le sientan esos maravillosos trajes y vestidos, un personaje con enorme carnalidad y erotismo para la época en la cual está rodada. Porque como bien dice uno de los personajes de la película sobre ella. 

- “¿De qué están hechas las niñas?

- De azúcar y de especias.” 

La segunda película de ella que me fascinó en mi niñez fue “El abrazo de la muerte” (1949) de Robert Siodmak, que a su vez es un remake de su propia película de “Forajidos” (1946), cambiando a Ava Gadner por Yvonne De Carlo. Un gran film de cine negro donde otra vez el bueno de Burt Lancaster es arrastrado a un mundo de criminalidad por el influjo y la atracción de una auténtica “femme-fatale”, tan bella como peligrosa. Una película de cine negro con todos los ingredientes que nos gustan de este género: criminales, oportunistas, ladrones, asesinos, robos, atracos, perdedores, golpes perfectos que por supuesto salen mal, mujer fatal, y mucha violencia. 



Burt Lancaster e Yvonne de Carlo formaron una bonita pareja 

Margaret Yvonne Middleton, que así se llamaba, nació en Vancouver (Canadá) en 1922. Ivonne se crió en un ambiente de bastante pobreza, pues su padre abandonó el hogar familiar, cuando ella tan sólo era una niña. El entorno familiar la llamaba Peggy, fue criada por su abuela porque a su madre le encantaba divertirse por las noches. 

Yvonne De Carlo era muy guapa de joven 

Ante ésta situación, su madre decidió trasladarse a Los Ángeles, donde veía más posibilidades de comenzar una nueva vida. De niña recibió clases de danza y de ballet, abandonó la escuela secundaria para trabajar en clubs nocturnos y teatros locales, para llevar dinero a su familia. Se empeñó en ser actriz por eso trabajó en los mejores clubs de la ciudad como eran el de Florentine Garders y el Club Polimar de Los Ángeles, siendo una mujer de revista de las más conocidas de la época. 

Yvonne De Carlo fue una conocida chica de revista 

Fue elegida "Miss Venice Beach" en 1940, a pesar que era una actriz bajita, ya que solamente medía 1’63 m. Para ganarse un huevo en Hollywood participó en numerosos espectáculos para el ejército, y su primera oportunidad la tuvo en un corto musical llamado “Sondie” (1942) donde no podía ser de otra manera interpretaba a una mujer de revista. A continuación participó en su primera película en Hollywood, donde acompañaba a Bing Crosby y Bob Hope en “Ruta a Marruecos”

Yvonne De Carlo fue Miss Venice Beach

Paramount Pictures la contrató en 1942, y fue entonces cuando adoptó el apellido de soltera de su madre. Tras una veintena de pequeños papeles, en donde su nombre ni siquiera aparecía en los créditos, por lo que dejó la Paramount para fichar por la Universal. La actriz interpretó en sus inicios pequeños papeles en producciones cinematográficas como: “Ruta a Marruecos” o “Por quién doblan las campanas”. Sin embargo, la fama no llegaría hasta 1945, mediante una película llamada “Salomé, la embrujadora”, una genial sátira ambientada en el oeste sobre una espía que se vale de sus encantos para lograr información, una especia de Mata-Hari en el salvaje oeste, película con la que logró su ansiado estrellato. Después de mucho intentarlo la fama de esta película le llevaría al estrellato por el magnetismo que desprendía su mirada en este film. 

Yvonne De Carlo como Salomé, la embrujadora 

A partir de aquí la obligaron a dar clases de protocolo y elegancia para convertirla en una estrella, misteriosa, inteligente y poderosa. Por lo que tuvo una intensa y cargada vida amorosa, siendo: Howard Hughes, Robert Starck, su Alteza Real Ali Reza Pahlavi, Jock Mahoney y Aly Khan algunas de sus conquistas. Nunca tuvo suerte en el amor, incluso las continuas infidelidades del actor Jock Mahoney y un aborto la sometió a una profunda depresión de la que se también se recupero, gracias a su espíritu de superación y ganas de vivir. 


Tuvo una intensa vida amorosa

El éxito de la película “Salomé, la embrujadora”, llevo a que Yvonne encadenase sucesivos papeles protagonistas que la llevaron a gozar de una gran popularidad y a convertirse en una habitual del celuloide en esta década. Su porte exótico, su hermosa cabellera negra y sus bonitos ojos claros destacarían sobre todo en filmes de ambientación oriental, de aventuras y muchos westerns de serie B: “La dama de la frontera” (1945) Charles Lamont, “La esclava del desierto” (1947) de Charles Lamont”; “Río abajo” (1948), “El enmascarado” (1948) y “Calamity Jane y Sam Bass” del artesano de la serie B del western George Sherman, para acabar la década con su mejor película de esta época, la mencionada anteriormente “El abrazo de la muerte” (1949), que aunque tuvo una gran química con Burt Lancaster no repitieron más juntos. En esta década cabe destacar que el año 1947 la pantalla ardió en llamas con la película “La canción de Scheherezade” de Walter Reisch.

Yvonne como Scheherezade

Y entrado los 50 su nombre va asociado al cine espectáculo y de aventuras, y la convirtió en una de las reinas del Tecnicolor. Y tuvo el privilegio de no hacer nunca una película aburrida, sus títulos más destacados son: “El Capitán Pirata” (1950) y “El Halcón Del Desierto” (1950) ambas de Frederick De Córdoba; “Hotel Sahara” (1951) de Ken Annakin; “Chacales Del Mar” (1952) de Jerry Hopper; “El Capitán Panamá” (1952) de Sydney Salkow; “El Paraíso Del Capitán” (1953); “Los Gavilanes Del Estrecho” (1953), obra menor del maestro Raoul Walsh; y sobre todo “Tombuctú” (1959) y “La esclava libre” (1957), dos joyas de dos reputados directores de cine en la cima de sus carreras como: Jacques Tourneur y Raoul Walsh. En todas ellas demostró su talento actuando junto a otras grandes estrellas de la pantalla, tales como: Burt Lancaster, Rock Hudson, Clark Gable, Alec Guinness y David Niven.





Su nombre va asociado al cine de aventuras 

En muchas de sus películas Yvonne demostró además su talento como bailarina y cantante, en la película “El paraíso del capitán” (1953) convenció al director Anthony Kimmins para que sir Alec Guinness bailara el mambo, ofreciéndose ella misma como instructora, además Yvonne De Carlo grabó un LP llamado “Yvonne De Carlo Sings” en el año 1957.


Ivonne De Carlo cantaba y bailaba muy bien 

Cabe destacar en esta época lo bien que le sentaba el western, porque su sola presencia engrandecía este género, porque quizás no hubo ninguna chica que cabalgase, disparase y le sentase tan bien dos revólveres como a ella. De esta década son las estupendas: “El Piel Roja” (1951) de George Sherman, “Silver City” (1951) de Byron Haskin, “Historia de San Francisco” (1952) de Robert Parrish, “La pradera sangrienta” (1955) de Lesley Selander, “En el límite del desierto” (1956) de John Sherwood, cuyo compañero de fatigas era una habitual de sus películas Rory Calhoun, y sobre todo “Río fronterizo” (1954) de George Sherman y “Passion” de Allan Dwan, dos westerns muy poco conocidos, que nunca figuraran entre ninguna lista de los mejores westerns del género, pero son muy potentes e interesantes. En especial “Passion”, donde interpretará a dos gemelas muy diferentes una de la otra, que intentaran sobrevivir en un mundo de hombres. 

Yvonne De Carlo se movia como pez en el agua en el western 


Una de sus últimas películas de mérito y lo guapa que estaba fue “Los Diez Mandamientos” (1956), dirigida por el colosalista director y productor Cecil B. De Mille, todo un clásico del cine épico-bíblico en el que Yvonne interpretó a Sephora, la esposa de Moisés, junto al inmortal Charlton Heston. Cuando Cecil B. De Mille vio a Ivonne en “Sombrero” (1953), le ofreció el papel vacante de Sephora. De Carlo aceptó, y rechazó otro papel que se le ofreció en una película alemana al momento. La actriz dijo una vez: "Trabajar con el señor De Mille fue una experiencia de aprendizaje que nunca olvidaré". 

Yvonne como Sephora la esposa de Moisés 

Se casó con el actor Robert Morgan en el año 1955. Ambos coincidieron en la película “Amores De Un Impostor” (1956). El matrimonio se rompió en el año 1968. Tuvieron dos hijos llamados Bruce y Michael. Durante el rodaje de “La conquista del oeste”, en una escena peligrosa en un tren en marcha, Morgan sufriría un trágico accidente en el que perdería una pierna. Yvonne decidió entonces abandonar su trabajo para cuidar de su marido, a pesar de que se pensaba divorciarse de él. 

Yvonne junto a su marido Robert Morgan

Una de las películas que nunca olvidaré de esta época es “La espada y la cruz” (1958) porque interpretaba a la Maria Magdalena más sensual y erótica de toda la historia del cine. 

Yvonne también interpretó a María Magdalena 

Las cosas no iban bien para el matrimonio, que pasaba por algunos apuros económicos debido a los gastos médicos derivados del accidente de Robert, por lo que su amigo John Wayne, le ofreció un papel en la película “McLintock”(1963), western muy entretenido para lucimiento del actor, que siempre lo recordaré por una simpática escena juntos donde intentaban subir una escalera completamente borrachos. 

Yvonne fue muy amiga de John Wayne 

Su ayuda no sirvió de mucho, por lo que para paliar la situación, Yvonne decidió retomar su profesión y aceptar un papel en una serie de televisión que preparaba la CBS. La telecomedia fue un completo éxito en todo el mundo, tanto que las nuevas generaciones solamente la recuerdan por este papel para la televisión, gracias a la vampiresa Lily Munster, la angelical esposa de Herman Frankenstein, con la mitad del pelo negro y la otra mitad blanco, en la serie mundialmente conocida como “La familia Monster”. La actriz en más de una ocasión manifestó que: “Nunca imaginé que este papel me daría tanta popularidad”. Aquí en España se hizo muy popular la protagonizada por Ivonne, al incluirla en un espacio dedicado a los más pequeños de la casa llamado “La Bola de Cristal” (como echamos de menos la televisión de antes). 

Yvonne De Carlo fue una preciosa Lily Munster

Al finalizar la serie, la actriz no la llamaban para ninguna película, y decidió irse a Broadway donde también triunfó, la cual apareció en el musical “Follies” (1974) de Stephen Sondheim, que fue el que más prestigio le aportó, pues incluso fue merecedora del premio Tony. En este mismo año puso fin a su matrimonio con Robert Drew Morgan. 

Follies Yvonne DeCarlo en  1971

Continuó entre cine y televisión e interesándose por varios géneros, aunque predominaron en esos años los papeles vinculados a películas de terror o de género fantástico de poco valor cinematográfico. Su última aparición en el cine, se produjo al lado del gran Silvester Stallone, en la película “Oscar” (1991). En 1987 escribió un libro de memorias muy interesante llamado “Yvonne: An Autobiography”.



En sus últimos años de vida, De Carlo vivió en Santa Bárbara. Su hijo Michael murió en 1997 y la actriz sufrió un ataque de apoplejía al año siguiente, pero gracias a su fuerza de voluntad también se recuperó completamente. 

De Carlo falleció el 8 de enero de 2007 por causas naturales a los 84 años de edad. 

Y muy pocas actrices cuentan con dos estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood, una por su contribución al cine y otra a la televisión.

Una vez uno de sus hijos al final de su vida le preguntó:

“¿Por qué había triunfado en el cine, por suerte, por el destino o por preparación? 

A lo que ella contestó: “Todo es lo mismo”. 



Mi recuerdo para esta estupenda actriz que supo hacerse a sí misma, y que nunca se rindió hasta triunfar en el cine, y que todo el mundo la recordase como una mujer de espíritu indomable.



Y fue una de las actrices del Hollywood clásico que más westerns realizó, llegó a realizar hasta 19 westerns como protagonista femenina, y alguno muy entrada en años. 

1. Salomé, la embrujadora (1945) de Charles Lamont


2. La dama de la frontera (1945) de Charles Lamont


3. Río abajo (1948) de George Sherman 


4. En enmascarado (1948) de George Sherman 


5. La cautivadora (1949) de Frederick de Cordova 


6. La verdadera historia de Calamity Jane (1949) de George Sherman 


7. Silver City  (1951) de Byron Haskin (Un gran western no muy conocido)


8. El piel roja (1951) de George Sherman 


9. Historia de San Francisco (1952) de Robert Parrish 


10. Río Fronterizo (1954) de George Sherman 


11. Passion (1954) de Alan Dwan


12. La pradera sangrienta (1955) de Lesley Selander 


13. En el límite del desierto (1956) de John Sherwood


14. El gran McLintock (1963) de Andrew McLaglen 


15. La ley de los sin ley (1964) de William F. Claxton


16. Pistolas hostiles (1967) de R.G. Springsteen


19. Arizona (1968) de Lesley Selander