miércoles, 3 de diciembre de 2014

SUSAN HAYWARD (1917-1975)



Le tenía muchas ganas a este post porque Susan Hayward para mí es una de las mejores actrices del Hollywood clásico, y creo que la crítica y el público nunca la venero y alabo tanto como a otras actrices con mucho menos talento que ella.

Una pelirroja muy ardiente, que era torbellino cada vez que la veíamos en pantalla con su sensual voz ronca y rota por sus dos paquetes de cigarrillos que fumaba al día, y siempre la recordaremos por interpretar mujeres de fuerte carácter y energía, que incendiaba la pantalla cada vez que salía. 

Susan Hayward era una fumadora empedernida

Susan Hayward cuyo nombre real era Edythe Marrenner, nació en Brooklyn (Nueva York) en 1917, siendo hija de padre de origen franco-irlandés y de madre de origen sueco. Ella siempre comentó que sus humildes orígenes y los apuros económicos de sus primeros años serían señalados por ella misma como el fuego donde se coció su empuje vital. 

 Susan Hayward fue una joven muy hermosa

Se graduó posteriormente en cursos de comercio y contabilidad con la intención de trabajar como secretaria, pero comenzó su carrera como modelo fotográfica. Fue una espectacular modelo, y eso a pesar de su escasa estatura (medía apenas 1,61 metros). 






Susan Hayward una modelo muy hermosa y sensual 

Con apenas 20 años se mudó a Hollywood, llegando a conseguir una prueba para el papel de Scarlett O'Hara en la película “Lo que el viento se llevó”. Su nombre artístico Susan Hayward fue elegido por su representante porque "sonaba semejante" al de Rita Hayworth y la sonoridad le dotaba de una cierta asociación. A pesar de no haber sido elegida para encarnar el papel femenino principal, su prueba gustó a los cazatalentos y se la llamó para firmar un contrato como figurante. En 1936 hizo una breve aparición con el nombre de Edythe Marrener en el cortometraje “Pictorial Short”.


 Susan Hayward realizó una prueba para "Lo que el viento se llevó"

Durante los dos años siguientes, Susan Hayward apareció en papeles minúsculos en una serie de películas para la Warner, pequeños papeles con pocas líneas de guión como: “Hollywood Hotel” (1937), “Comet Over Broadway” (1938), Cinderella (1938) y “Las hermanas” (1938), donde la veíamos como una activa encargada de la centralita telefónica. 

Una imagen de Susan Hayward en sus inicios en el cine 

En 1939 consigue su primer papel importante en la película “Beau Geste” de Willian Wellman, al lado de Gary Cooper como aventurera que acababa en brazos de Ray Milland.
En 1941 se mudó a la productora Columbia donde hizo películas con actuaciones cada vez más relevantes, dos papeles de gran intensidad dramática como fueron: “Los cuatro hijos de Adán” (1941) de Gregory Ratoff, midiéndose nada menos que con la poderosa personalidad de Ingrid Bergman y “Adorable intrusa” (1941) de Joseph Santley.

 Susan Hayward en su primer papel importante en el cine (“Beau Geste”)

Durante la 2ª Guerra Mundial, interpretó dos papeles femeninos estelares al lado del gran John Wayne en las espectaculares “Piratas del Mar Caribe” (1942) de Cecil B. DeMille y “Batallón de construcción” (1944) de Edward Ludwig, un cine bélico muy interesante sobre los batallones que construían las infraestructuras del ejercito, antes de que ellos llegaran para realizar sus misiones. Las líneas de Hollywood se llenaban, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, con el nombre de Susan Hayward, por otro lado, las columnas de cotilleo hablaban de su tormentoso matrimonio con Jess Barker, actor de serie B y padre de sus dos hijos gemelos. 

Susan Hayward junto a John Wayne

Su divorcio acabó en un intento de suicidio por parte de ella. Detrás de las cámaras, era una mujer tradicional, republicana, con muy pocos amigos, muy profesional y mujer fría como el hielo. Su segundo marido fue Floyd Eaton Calkley, con quien contrajo matrimonio en 1957 y del que quedó viuda en el año 1966. 



 Susan Hayward con sus dos gemelos 

Susan Hayward participó activamente durante la guerra en películas propagandísticas; no sólo en documentales, en los que prestó su voz, sino también en las espectaculares revistas musicales que hacían los estudios para animar a las tropas.




 Participó en numerosas revistas para animar a las tropas durante la guerra 

Los años 40 fueron los de su consolidación en Hollywood, una década gloriosa donde realizó un puñado de buenas películas como fueron: "Me casé con una bruja" (1942), con Veronica Lake y Fredric March, "Juventud ambiciosa" (1943), en donde compartió piso con William Holden, un western que me fascina como "Tierra generosa" (1946) con Dana Andrews, antes de alcanzar el estrellato por su retrato de una mujer alcohólica en "Una Mujer Destruida" (1947), actuación por la que fue nominada al Oscar por primera vez en su carrera. A continuación participó en las interesantes "No me creerán" (1947) de Irvin Pichel, "Viviendo del pasado" (1947) de Henry James, "Odio Entre Hermanos" (1949) de Joseph L. Mankiewicz, “Tulsa, ciudad de lucha”(1949) de Stuart Heisler, "Mi loco corazón" (1949), un film dirigido por Mark Robson por el que volvió a ser nominada al premio Oscar y donde se interpretaba a sí misma.

 "Mi loco corazón"
 

 "Una mujer destruida"

La primera nominación a los óscar la consiguió por el impresionante papel de la película “Una mujer destruida” (1947) de Stuart Heisler, Hayward daba vida a una alcohólica casada con un famoso letrista de canciones. Fue una de sus actuaciones más celebradas, y hasta el mismísimo Walter Wagner se proclamaba orgulloso de su "Bette Davis pelirroja", a la que proporcionó la oportunidad de tomarse una cierta revancha otorgándole un personaje próximo al de Scarlett O'Hara en “Raíces de pasión” (1948) de George Marshall.

 Susan Hayward interpretó como nadie a mujeres destruídas

Película a película su fama iba creciendo, quizás porque nadie fumaba, bebía, cabalgaba y empuñaba un arma como ella en pantalla grande.






 Susan Hayward toda una mujer 

La fuerte personalidad de Susan Hayward incitaba y estimulaba a que los directores la eligiesen para papeles de heroína en ambientes de hombres, fue la actriz fetiche de un realizador exigente como Henry Hathaway que la dirigió hasta en cuatro ocasiones en las estupendas: los fantásticos westerns “El correo del infierno” (1951) con Tyrone Power y “El jardín del diablo” (1954), con los cowboys por excelencia Richard Widmark y Gary Cooper. Siempre la recordaré entrando en la cantina donde nuestros héroes están tomando una copa con su pistola en la cartuchera y seduciéndolos a todos.

"Esta mujer ha sido moldeada en un bloque de arcilla"

En “La hechizera blanca” (1953), la estrella viajaba hasta el corazón de África con Robert Mitchum (con quien ya se había emparejado anteriormente en otra película fantástica como “Hombres errantes” (1952) de Nicholas Ray). Y para concluir su colaboración con Susan, en “La mujer obsesionada” (1959), Hathaway la llevó tan al límite que le provocó hasta un aborto.

 Henry Hathaway junto a Susan Hayward y su marido

Tuvo el privilegio de trabajar con los mayores galanes y estrellas del Hollywood clásico, y todos ellos se rindieron a sus pies. Trabajó con: John Wayne, Robert Mitchum, Gary Cooper, Clark Gable, Tyrone Power, Gregory Peck, Edward G. Robinson, Dana Andrews, Alan Ladd, Charlton Heston, Victor Mature, Jeff Chandler y William Holden.

 Susan Hayward una mujer indomable 

En 1958 interpretó el mejor papel de su vida en la maravillosa “¡Quiero vivir!” de Robert Wise, donde interpretaba a una antigua prostituta condenada a pena de muerte, una obra maestra por derecho propio, que se ha convertido en la película que mejor ha reflejado el sufrimiento, la desesperación y agonía de un condenado a muerte, por la cual al fin conseguiría el Oscar a la mejor actriz después de haber sido nominada hasta en cuatro ocasiones por: “Una mujer destruida” (1947) de Stuart Heisler, “Mi loco corazón” (1949) de Mark Robson, “Con una canción en mi corazón” (1952) de Walter Lang, y “Mañana lloraré” (1955) de Daniel Mann.




 Susan Hayward ganó su óscar por la película “¡Quiero vivir!”

"Posee las dos cualidades más deseadas en cualquier actriz: es bella y sabe actuar" Darryl F. Zanuck. 

 Susan Hayward recoge el Óscar a la mejor actriz

Susan Hayward con David Niven el ganador de ese año

Como hizo todo tipo de papeles y géneros también fue la heroína de epopeyas bíblicas como: “David y Betsabé” (1951) de Henry King y “Demetrius y los gladiadores” (1954) de Delmer Daves. 

 Susan Hayward también cantaba y bailaba

En 1956 participó en la película maldita “El conquistador de Mongolia” (1956), rodaje realizado en las proximidades de St. George, en el desierto de Utah. Durante 13 semanas de filmación en el verano del 55, el reparto y el equipo fílmico fueron probablemente contaminados con polvo radiactivo residual debido a pruebas nucleares realizadas en la zona. De hecho, los principales actores del film y su director murieron la década siguiente de diferentes tipos de cáncer: Agnes Moorehead, John Hoyt, Dick Powell, John Wayne, Pedro Armendáriz y la propia Susan Hayward. 

 El conquistador de Mongolia una película maldita

Como despedida del cine escogió un western memorable muy poco conocido llamado “Los vengadores” (1972) de Daniel Mann, una libre versión de “El doce del patíbulo” en el salvaje oeste, compartiendo reparto con William Holden, precisamente el actor que había sido su galán 30 años antes en “Juventud ambiciosa” de Edward H. Griffith. 

En sus memorias dejó está frase que definió su carrera: 

"Nunca me he pensado estrella de cine, sólo una chica trabajadora que llegó hasta lo más alto y nunca cayó". 

 Tributo a Susan Hayward

En 1972 ya muy enferma de cáncer, decidió ir a la entrega de los Óscar a pesar de que los médicos le recomendaran que no fuera, y como una de sus heroínas de las películas, se puso una peluca, se pintó las cejas y allí apareció en el escenario, del brazo de Charlton Heston, para leer el sobre a la mejor actriz. 

 Su última aparación pública

Susan Hayward murió a la edad de 57 años en marzo de 1975. Fue enterrada cerca de su segundo y último esposo, Eaton Chalkley. 

Susan Hayward se la puede considerar una estrella con letras mayúsculas, para mí una de las más grandes. 

Fue toda una cowgirl, participó en grandes westerns.


1. Tierra generosa (1946) de Jacques Tourneur


2. El correo del infierno (1951) de Henry Hathaway 


3. Hombres errantes (1952) de Nicholas Ray


4. El jardín del diablo (1954) de Henry Hathaway 





5. El desfiladero de la muerte (1959) de Russel Rouse







6. Los vengadores (1972) de Daniel Mann





jueves, 13 de noviembre de 2014

40 PISTOLAS (1957)




Hoy me gustaría hablar de la importancia de la mujer en mundo western, en la mayoría de los western no es más que un mero acompañante del héroe y el vaquero debe protegerla contra todos los peligros que la acechan, en definitiva siempre se ha pensado que el oeste americano es solamente para hombres y no para las mujeres.

Pues desde esta página dar la importancia que se merece a la mujer en el mundo del western, en muchas de las historias el leitmotiv es el amor que vaquero siente por una mujer, alguien decide cambiar de vida (Clint Eastwood en “Sin perdón”, Gregory Peck en “Cielo amarillo” o Robert Taylor en “Duelo en la ciudad muerta”) o volverse contra los suyos por el amor de una mujer (Gary Cooper en “El hombre del oeste”) y en muchos casos es la venganza contra todos aquellos que mataron a su mujer (la mayoría de los westerns de Randolph Scott dirigidos por Butt Boetticher).

Pues cuando pienso en la importancia de la mujer en el western, me acuerdo de cuatro mujeres de armas tomar, auténticas vaqueras, que dominan a los hombres y no necesitan ser salvadas por nadie, me refiero a estas 4 mujeres:

Vienna (Joan Crawford) en “Johnny Guitar”; la propietaria de un salón situado en las afueras de una ciudad del Oeste, y su maravillosa relación entre ella y Johnny Guitar, un pistolero y antiguo amor. 

Joan Crawford

Colorado Carson (Virginia Mayo) en “Juntos hasta la muerte”; una bella forajida ex-bailarina de Music-hall, que ayuda a escapar de prisión a Wes McQueen (Joel McCrea), para que colabore con su banda en un último asalto a un tren. Mujer fatal de cine negro, un fantástico remake en el oeste del cine noir “El último refugio”. 

 Virginia Mayo

Conni (Veronica Lake) en “La mujer de fuego”; la "femme fatale" del western, interpreta a una mujer avariciosa, con ansias de poder, ambiciosa, embaucadora, manipuladora, y con ganas de venganza. Una interpretación portentosa seduciendo a todos los personajes masculinos de la película y manejándolos a su antojo. 

Veronica Lake

Y por supuesto la película que nos ocupa Jessica Drummond (Barbara Stanwyck). Y memoria de cinéfilo siempre la recordaré en ese comienzo arrollador y espectacular antes de los títulos de crédito, una carreta con 3 vaqueros que avanza lentamente por un precioso valle, una tranquilidad rota por unos jinetes a caballo que se abalanza sobre la carreta, y al frente de todos ellos se emerge la poderosa figura de una preciosa Barbara Stanwyck toda vestida de negro encabezando el grupo de jinetes.

Jessica Drummond (Barbara Stanwyck)

 Arrollador y espectacular comienzo de la película 

Tras este western nos encontramos con Samuel Fuller, un director que si repasamos su carrera nos daremos cuenta de el buen puñado de buenas películas que nos dejó en todos los géneros en los cuáles participó, sobre todo las fabulosas películas de género bélico que dirigió como: “El diablo de las aguas turbias”, “A bayoneta calada”, “Uno Rojo, división de choque” y una de las películas que más me gusta de la II Guerra Mundial “Invasión en Birmania”. Y sin olvidarnos de su participación en el cine negro como las joyas: “Manos peligrosas”, “La casa de bambú” y sobre todo “Bajos fondos”. Un gran director que cuenta la leyenda que daba la voz de acción a punta de pistola. 

Samuel Fuller con su pistola en un rodaje 

Samuel Fuller era un director con un impactante estilo visual y el uso de la violencia para contar una historia. Este western trata de buscar un enfoque nuevo para escapar de los esquemas habituales del género. En tan sólo 77 minutos de duración, Fuller narra una historia que contiene: amor, odio, acción, violencia, venganza, lealtad y muerte, que como él mismo decía en la película de Jean-Luc Godard (“Pierrot, el loco”), donde se le preguntaba que era para él una película.

“Una película es como un campo de batalla, hay amor, odio, acción, violencia y muerte. En resumen, emociones.” Todo aquello que no le falta a la película “40 pistolas”.

“La vida es en color pero en blanco y negro es más realista” (Samuel Fuller). 

Barbara Stanwyck es una mujer en un mundo de hombres 

Por eso la importancia de la violencia en este western y en cada una de las películas:

“La violencia desde mi punto de vista, debe ser emocional. Que se sienta dentro. No una pelea en una bar, no me gusta… es demasiado fácil” (Samuel Fuller).

La película narra la historia de Jessica Drummond (Barbara Stanwyck), una despótica y poderosa terrateniente que gobierna el condado de Cochise (Arizona) con mano firme, con un grupo de 40 hombres armados a sus órdenes. Un día aparece por sus tierras Griff Bonnell (Barry Sullivan), un antiguo pistolero al que han nombrado sheriff del que se enamorará perdidamente. La historia podría ser una libre versión de “Alibaba y los 40 ladrones”. 



 Barbara Stanwyck es una terrateniente que controla el condado de Cochise

Barbara Stanwyck borda el papel de mujer fuerte en un mundo de hombres, con unas preciosas secuencias que demuestran la gran vaquera que es, en uno de los mejores papeles de toda su carrera: 

- Espectacular plano secuencia con la imagen de Jessica Drummond presidiendo la mesa con el travelling de sus 40 pistoleros comiendo con ella. Una secuencia que no se olvida tan fácilmente. 

 Jessica Drummond presidiendo la mesa con 40 comensales 

- Barbara Stanwyck dominando un caballo asustado por culpa de la tormenta.

 Barbara Stanwyck domando un caballo

- Barbara Stanwyck cuestionando la virilidad de Barry Sullivan, en un diálogo inolvidable.

- “No me interesa usted Señor Bonnell, si no su pistola.
- ¿Puedo cogerla?
- No.
- Es simple curiosidad.
- Podría estallarle en la cara.
- Me arriesgaré.” 


 “No me interesa usted Señor Bonnell, si no su pistola."

Para mí estamos ante un western de culto, por las preciosas y originales escenas que me dispongo a narrar.

El duelo con pistolas del pistolero Bonnell contra el hermano de Jessica avanzando por medio de la calle, y enfrentándose sin miedo y ganándole sin disparar un solo tiro.

La fotografía es maravillosa, rodada en un precioso cinemascope y ayudada por la excelente copia remasterizada que he visto. Fuller rueda planos poco habituales y muy originales para este género, con gran poder visual, como son los encuadres y primeros planos de piernas, zapatos, rostros, ojos, patas de caballo,  hasta un beso a través de la culata de un fusil. Cabe destacar la espectacular escena del tornado que ataca a nuestros protagonistas, por eso estamos ante un western distinto a todos. No recuerdo ver otra película del oeste donde salga otro tornado.






 Un westen distinto a todos 

Me gusta mucho la historia de amor entre sus dos protagonistas, una historia nada fácil de que llegue a un final feliz, debido la lealtad que tienen los dos por su familia, él se debe a la ley que protege y sirve y ella a su rancho y a su imperio que tanto trabajo y esfuerzo le ha costado conseguir. Pero la caída del imperio de Jessica Drummond está a punto de producirse, porque no contaba con enamorarse, lleno de tensión y grandeza la escena donde el hermano de Jessica la coge como rehén, amenazando al sheriff con matarla, él con gran sorpresa para el espectador le dispara a ella para matar al hermano a continuación, y la escalofriante e impactante frialdad con la cual indica a uno de sus ayudantes que la recoja del suelo y la lleve al médico pasando delante de ella sin preocuparse.

 Escena de gran intensidad dramática
Preciosa la escena de un  travelling donde vemos todo el pueblo y las gentes que lo habitan hasta acabar en los curiosos baños públicos donde el sheriff y los hermanos se encuentran bañando, mientras se escucha la bonita balada dedicada a Jessica Drummond.



 La lealtad hacia la familia se interpondrá entre su amor hacia el sheriff

Y por último el hermoso travelling donde vemos el funeral y la viuda al lado del carruaje fúnebre, mientras se acompaña de otra triste balada. Las baladas oídas en la película son muy hermosas y adquieren gran relevancia e importancia con lo que nos quiere contar Samuel Fuller.


Precioso funeral  

Este western creo es uno los más importantes e influyentes de la historia del cine, que ha influido en directores de generaciones posteriores, como por ejemplo la escena donde el sheriff muerto es exhibido en el escaparate de una tienda, con una gran influencia en la obra maestra de Clint Eastwood “Sin perdón” (la escena es calcada). 

Un homenaje de "Sin Perdón" a esta escena 

Además estamos ante un western muy emocionante y lleno de tensión, como es la escena de la emboscada. 

 Emboscada al sheriff

Un magistral western de culto como muestra de cine en estado puro y de emociones a flor de piel. 

Trailer de "40 pistolas"


Barbara ya era muy guapa de joven
 

miércoles, 22 de octubre de 2014

LOS COMANCHEROS (1961)


La película de la cual me gustaría hablaros hoy tiene aroma de gran western y de película de sábado por la tarde, porque aunque no lo creáis hubo tiempo que las televisiones publicas ponían los sábados por la tarde westerns en lugar de horribles telefilmes. 

Los comancheros es un western muy especial porque fue el epitafio de uno de los grandes directores de la época de los grandes estudios de Hollywood, Michael Curtiz, que a sus 73 años de edad dirigió su última película, y a pesar de que ya se encontraba enfermo de cáncer, quiso despedirse del cine por la puerta grande. Michael Curtiz moriría al poco de terminar esta película, con más de 180 películas a sus espaldas, fue el director entre otras de las joyas de: “El capitán Blood” (1935), “Robin de los bosques” (1938), “Ángeles con caras sucias” (1938), “Dodge, ciudad sin ley” (1939), “El halcón del mar” (1940), “El Lobo de Mar” (1941) y pasaría a la historia del cine con mayúsculas por dirigir la historia romántica por excelencia “Casablanca” (1942)


El maestro Michael Curtiz

El capitán Jake Cutter (John Wayne) es un ránger de Texas con una difícil misión: debe acabar con una peligrosa banda de forajidos que se dedica a proporcionar armas y licores a los indios comanches en vísperas de una guerra, para ello contara con la ayuda de su prisionero Paul Regret (Stuart Whitman), un jugador condenado a muerte por matar en un duelo al hijo de un oficial del ejército. Un argumento muy similar al western “Río Conchos” aunque este film es más oscuro y dramático, además tenían en común el copatrogonismo de Stuart Whitman.


John Wayne y Stuart Whitman son los dos protagonistas de este western

Los comancheros, es una figura real del oeste americano, ya que es una palabra que elude a aquellos bandidos del oeste que se aprovechaban de los indios comanches vendiéndoles armas y alcohol. Por eso hay alguna película del oeste que trata a este tipo de hombres, estos rufianes y malhechores también los dibujó Ford en su “Trilogía de la Caballería”

 John Wayne necesitará de toda la ayuda posible para derrotar a los comancheros,

Un film con el coctel habitual del cine de Curtiz, mezclando hábilmente la aventura, el western clásico, con una dosis de buen humor y mucha acción. Un western rodado con mucho oficio que nos ofrece todo aquello que nos gusta del género. Todo ello ayudado por un gran John Wayne, ya un poco mayor, pero que se mueve como pez en el agua interpretando su característico y mítico papel de intrépido ránger de Texas. 




Un western 100% John Wayne 

La relación entre el ránger de Texas y su prisionero Stuart Whitman, tiene todos los matices y la química suficiente para no olvidarnos tan fácilmente de esta película. Una amistad cargada de sentido humor, de ironía y de camadería Hawksiana, muy bien interpretado por Whitman que no duda en su lealtad hacia su captor. John Wayne se dirige a Stuart Whitman con “Monsieur” o el sombrero que lleva el francés es la mar de divertido.

Gran química entre John Wayne Y Stuart Whitman 

Una de las cosas que más me gusta de la película son las fabulosas escenas de acción, lo bien filmadas que están, ante el delicado estado de salud que padecía el director, en algún momento del rodaje, Michael Curtiz tuvo que ser hospitalizado siendo sustituido en la dirección por el propio John Wayne (recordar que John Wayne probó con fortuna tras las cámaras en las estimables “Boinas verdes” y “El Álamo”). 
  
John Wayne juega al ajedrez en un descanso del rodaje

Además de Wayne y Whitman, el resto de reparto de la película es impresionante: Bruce Cabot (tantas veces secundario en los westerns de John Wayne), el propio hijo de John Wayne, Pat Wayne, el mítico Jack Elam, todo un clásico del western y Henry Daniell, en uno de sus habituales villanos. 

Y una de las grandes sorpresas de film, la interpretación de la hermosa Ina Balin, seductora y sexy mujer de armas tomar, totalmente irresistible e inolvidable para nuestros dos protagonistas. Y como no el gran Lee Marvin como uno de los villanos de la película, que anticiparía uno de los villanos más legendarios de la historia del western en “El hombre que mató a Liberty Valance”, que lo único malo que su participación en la película nos sabe a muy poco, por ser muy breve. 


Lee Marvin jugará una emocionante y tensa partida de póker
 


Ina Balin es una mujer dificilmente olvidable 
 
Otro de los puntos a favor de este magnífico western es su estupenda banda sonora del gran compositor del cine del oeste Elmer Bernstein, atención que este compositor nunca jamás puso su música a una mala película, además de su excelente fotografía en un precioso Cinemascope, rodada en hermosos escenarios naturales.

 Preciosa fotográfia en Cinemascope

Elmer Bernstein firma una excelente banda sonora

A pesar de su tono más humorístico y menos dramático que el western “Río Conchos”, resaltar la espeluznante y dramática escena donde John Wayne descubre el cadáver de una niña torturada y quemada por los indios sentada en una mecedora, una escena que deja helado al espectador de la crueldad de los indios comanches, poco visto hasta la fecha en el western. Me llama la atención la tortura a la que son sometidos nuestros dos protagonistas colgados por sus muñecas a pleno sol por los comancheros (una tortura más propia de los indios), y su particular forma de impartir justicia. 

 John Wayne es una escena muy dramática
 
 John Wayne y Stuart Whitman torturados por los comancheros 

No recuerdo otro western ni película bélica donde John Wayne mate a más personas, y menuda puntería no falla ni un solo disparo, creo que los mata de dos en dos. 

Así que recomendar Los comancheros un gran epitafio para el maestro Michael Curtiz con todo el aroma y sabor del western clásico. 



 Trailer de Los comancheros