miércoles, 28 de marzo de 2012

LA PUERTA DEL DIABLO (1950)



Recuerdo cuándo era muy pequeño haber jugado a “los indios y vaqueros”, y como todos los niños que jugaban querían ser los vaqueros, o sea los buenos, y nadie quería ser los malos, los indios.
Esta película termina, como tantas películas del viejo oeste, una casa rodeada, en el interior de la casa mujeres y niños, y los hombres defendiendo sus tierras ante un número muy superior de pistolas. Como en todas las películas del oeste, cuando la situación es más desesperada, cuando están a punto de ser derrotados, cuando lo muertos superan a los vivos, y ese  último aliento, llega el séptimo de caballería para salvar la situación y derrotar al enemigo.
Y que pasa, si los que se encuentran rodeados son los indios, y a los que intentar matar y usurpar unas tierras que no son suyas son los vaqueros, lo grande del final de esta película, es que en lugar de ayudar el séptimo de caballería a los indios, vienen para rematarlos y acabar el trabajo, quizás un final más acorde con la realidad, donde los indios son los buenos y los malos son los vaqueros. Donde, solamente en contadas excepciones muestra a los indios como los protagonistas y a los vaqueros como los antagonistas, solamente Ford, Mann, y Aldrich, mostraron respeto a la historia, donde los indios fueron borrados, masacrados y echados de una tierras que les pertenecían de las que fueron desalojados sin motivo.
Una película adelantada a su tiempo, en el que Taylor retrata un indio que con orgullo y valentía defiende su tierra y su pueblo contra el desprecio y los abusos del hombre blanco.

Solamente le pongo una pequeña pega a la película, y es ver al gran Robert Taylor ennegrecido como indio, es poco creíble, pero con creces lo supera con una poderosa interpretación.    
Este western está dirigido por Anthony Mann en 1950, que con Ford y Hawks para mi forman la tripleta imprescindible de los western.




En este western se ven características de los western de Mann, la importancia de los paisajes, muestra como nadie las montañas, las áreas boscosas, las cumbres nevadas para que los personajes emerjan más detalladamente en este entorno. La puerta del diablo que da nombre al título de la película, abre la puerta a la tierra del indio, que es vista como un paraíso, como un oasis en medio del desierto del hombre blanco; una puerta al cielo, donde abundan los verdes pastos y el agua clara.
Lance Poole (Robert Taylor) vuelve al rancho de su familia (de la tribu de los navajos), tras participar en la batalla de Gettysburg con las tropas nordistas, resultando condecorado con la medalla de Honor del Congreso. Aunque de poco le va a servir, en una sociedad racista e intolerante. Más aún cuando es un indio rico, donde el Gobierno Americano, le quiere arrebatar sus tierras, por no considerar a los indios como ciudadanos americanos.
Otra temática desarrollada en esta película, es el eterno conflicto entre los ganaderos contra los ovejeros, encarnados por la llegada de las ciudades, y de lo que tanto odiaba Kirk Douglas en “Pradera sin ley”, las alambradas que limitaban la libertad del hombre en la naturaleza. 
A destacar también la escena de amor, llena de garra y emoción, en la que Robert Taylor, desafía a Paula Raymond a que demuestre su amor por un indio.

La película tiene unos excelentes secundarios Paula Raymond, como abogada idealista que ayuda a los indios, Louis Calhern (habitual malo de los western) como malvado abogado al cual solamente le preocupa el dinero, y Edgar Buchanan como sheriff de una ciudad consumida por el odio.
Las escenas de acción son fantásticas, la pelea en el bar, o el inigualable ataque de los indios a las caravanas de los pastores con dinamita.
Lo que hace de esta película una obra maestra, ese final donde el ejército americano, termina el trabajo de los ovejeros, y mata a todos los indios. Y como nuestro héroe, herido de muerte, se  coloca la medalla del congreso, y sale de su casa con dignidad y orgullo, saludando marcialmente al capitán del ejército de caballería, y cayendo a continuación delante de él y de su amada Paula Raymond. Pura magia.
Una película que el tiempo pondrá en su sitio, que con los años crecerá este clásico como una de las primeras películas del oeste que defendió la posición de los indios en la gran pantalla. 
































Devil's Doorway (1950)





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